Si alguna vez abriste los libros de historia del colegio, para leerlos, sabrás que muchas culturas precolombinas practicaban ceremonias de sacrificio humano. Uno de los ejemplos más citados es el de los aztecas, quienes usaban a guerreros enemigos para arrancarles el corazón y ofrecérselo a sus dioses.

Sin embargo, esa noción podría cambiar luego del último descubrimiento arqueológico en la Ciudad de México. Se trata de una torre con al menos 676 cráneos humanos, entre los que se cuentan mujeres y niños.

De acuerdo a los investigadores, el hallazgo corresponde a una estructura en el templo conocido como Huey Tzompantili, construido para venerar a Huitzilopochtli, dios azteca del sol, la guerra y los sacrificios humanos.

En viejas crónicas de conquistadores españoles se habla de estos cráneos como una forma de espantar a los enemigos.

“Fuera del templo, y enfrente de la puerta principal, aunque a más de un tiro de piedra, estaba un osario de cabezas de hombres presos en guerra y sacrificados a cuchillo, el cual era a manera de teatro más largo que ancho, de cal y canto con sus gradas, en que estaban ingeridas entre piedra y piedra calaveras con los dientes hacia fuera”, se describe en el texto “Historia de las Conquistas de Hernán Cortés” de Francisco López de Gómara.

Según los relatos, los osarios tenían entre 60 mil y 130 mil calaveras. ¿Exagerado? La torre encontrada solo es una pequeña parte de la estructura y no se descarta encontrar más cráneos.

La gran sorpresa, eso sí, continúa siendo el hecho de que los sacrificados no solo eran prisioneros.

“Esto es algo realmente nuevo. Esperábamos que hubiese solo hombres, obviamente jóvenes, al ser guerreros, pero también hay mujeres y niños que no iban a la guerra”, explicó a Reuters el antropólogo Rodrigo Bolaños.

Por ahora la teoría es que los sacrificios, en realidad, eran un acto de culto a la vida y no un rito de muerte. Todo en ofrenda al dios del Sol.

Ciertamente, las excavaciones continuarán y veremos qué otras sorpresas desenterrará.