Toma ya. Mientras la serie Black Mirror está en pleno apogeo, algunas de las tesis planteadas en sus capítulos lucen muy reales, como ahora, cuando una investigación realizada por The New York Times descubrió un secreto a voces: los famosos compran seguidores falsos para ser importantes en las redes sociales. ¿A qué no suena a Nosedive? Si viste el episodio, ya sabes; de lo contrario, ahí está Google.

Un equipo de periodistas del diario estadounidense estableció que la compañía Devumi obtuvo millones de dólares en ganancias por la vía de vender seguidores falsos en Twitter, pero a diferencia de los usuales boots, muchos de los seguidores comprados contaban con perfiles que incluían datos reales de personas, como nombres y direcciones, antecedentes que se sospecha son robados.

Para desarrollar la investigación el diario creó una cuenta para ese objetivo en Twitter y luego contrató los servicios de Devumi, comprándoles 25 mil seguidores por US$25. Fue entonces que advirtieron que de los seguidores comprados, al menos 10 mil lucían totalmente creíbles, pues tenían antecedentes verídicos de personas reales.

La fiebre imperante por ser reconocido en el mundo de las redes sociales le sirvió de foco de negocios a German Calas, quien creó su compañía Devumi para capitalizar dicha ansiedad.

El modelo es simple. Devumi contacta a alguno de los cientos de fabricantes anónimos de cuentas de redes sociales que existen en internet y les compra las identidades virtuales, las que luego vende en calidad de seguidores a sus propios clientes.

Más allá del tema de si cabe o no usar seguidores falsos en redes sociales, acá el tema es más severo. Tras este modelo de negocios queda claro que existe un robo de identidad sistemático que se inicia en alguna parte. Los nombres de las personas son reales, como sus direcciones y antecendentes sobre las aficiones y actividades descritos en los falsos perfiles.

Para que ello opere a gran escala es necesario que en alguna parte los datos también sean robados a gran escala. No es por ser conspiracional, pero ¿quién está detrás del robo de dichos datos? ¿funcionarios inescrupulosos? ¿hackers? ¿O quiźas efectivamente se trate de un negocio paralelo de ciertas entidades para ampliar su área de influencia?

El caso es que German Calas obtuvo millones de dólares con esta práctica, pues según los datos arrojados por la investigación, el hombre tras Devumi comercializó unas 200 millones de cuentas, las que adquiría pagando US$ 1 por cada mil, las que luego vendió a US$17 a cada cliente.

Acá puedes leer el artículo completo (en inglés).