¿Qué convence a una familia de vender el influyente periódico que han creado, regado y cultivado durante cuatro generaciones? La respuesta es 250 millones de dólares. Ese es el monto por el cual la familia Graham dejó volar el control del “The Washington Post”, el diario que literalmente le respira en la nuca a la Casa Blanca. El monto parece un portaaviones de billetes, pero lo curioso es que solo representa alrededor del 1% del capital total de su nuevo dueño, el empresario tecnológico Jeff Bezos. Una imagen gráfica y a escala humana de la inversión es la siguiente: si ganas 1.000 dólares al mes, el medio te costaría el equivalente a una visita a tu local favorito de comida rápida. Una ganga.

Ahora, ¿quién diablos es Jeff Bezos? Descubrirlo ahora significa que estuviste mucho tiempo admirando a Bill Gates, babeando por los taquilleros aparatitos de Steve Jobs o asombrado por la eléctrica irrupción de Mark Zuckerberg con Facebook. Sin embargo, Bezos lleva dos décadas en el circo.com.

Desde que era niño, Jeff se mostró inquieto y vivito. Si quería algo y no tenía plata se las ingeniaba para copiar, en la granja de su abuelo cumplió diversas tareas -incluida la castración de terneros-, jugó en el equipo de fútbol americano escolar y siempre creyó que el futuro humano está fuera del planeta. A los 10 años se enteró que su padre biológico era diferente al hombre que lo había criado, sin embargo, el trauma fue menor. “Lloré más cuando supe que debía usar lentes”, confesó a Wired.

En esa entrevista, también contó su curioso método para encontrar una pareja. Diseñó un plan llamado “flujo de mujeres”, sacado del mundo financiero, y que básicamente ponía cierto estándares mínimos a las candidatas. Si no los cumplían, no salía con ellas. ¿Uno de esos requisitos? “Que fuera capaz de sacarme de una prisión del Tercer Mundo”, contó. “Lo que quería era alguien capaz, pero nadie sabe qué significa cuando dices busco a una mujer capaz… la vida es demasiado corta para salir con gente que no es capaz”, agregó. El plan fracasó: la mujer que buscaba estaba en su propio equipo de trabajo.

Especial el hombre.

Jeff Bezos 2

Bezos y su pequeña maravilla: el Kindle

La historia de un sobreviviente

En 1994, mientras paraba la olla como analista financiero y hacía un viaje de costa a costa, en Estados Unidos, tuvo una revelación y se preguntó a sí mismo: “Cuando tenga 80, ¿me arrepentiré de haber dejado Wall Street? No. ¿Me arrepentiré de haberme perdido el comienzo de Internet? Sí”. Bezos se tiró a la piscina con una idea: crear la mayor tienda de retail online. En Seattle pulió el plan y dio vida a Amazon.com. La idea prendió de inmediato y en 1999 la revista “Time” lo nombraba “Persona del Año”. En el horizonte, eso sí, apareció la burbuja.com y en la que su empresa asomaba como una víctima segura. De hecho, fue bautizada como Amazon.bomb.

La compañía, con heridas en el cuerpo, sobrevivió. Igual que Jeff Bezos, quien en 2003, sufrió un accidente en helicóptero.

Fue en marzo, al sudoeste de Texas. Los vientos soplaban fuerte y el piloto logró poner el aparato en el suelo. Sin embargo, un aspa pasó a llevar un árbol, vino el descontrol, vueltas y la destrucción total, excepto por los pasajeros, quienes incluso lograron pedir ayuda vía celular. “La gente dice que tu vida pasa frente a tus ojos. Este accidente pasó tan lentamente que tuvimos unos pocos segundos para contemplarla…Nada extremadamente profundo se iluminó en mi cabeza en esos segundos. Mi pensamiento principal era: esta es una forma tonta de morir”, narró a Fast Company.

La experiencia fue como tocar fondo. No obstante, a fines del mismo año nuevamente respiraba en la superficie. Mientras se recuperaba físicamente de la caída, su compañía también mostraba signos fecundos. Es más, era la primera vez que registraba ganancias. Amazon volvía a caminar. Bezos aprendía de los errores y poco a poco lo mejoraba. Su camino había sido lento, pero comenzó a agilizarse con las ventas y la introducción de un nuevo producto: el Kindle, un lector de libros electrónicos y que hoy es líder del mercado. Amazon ahora también vendía contenidos.

¿Hambre política o extravagancia de millonario?

El link con un periódico aquí aparece como algo obvio. Pero, ¿necesitaba Jeff Bezos comprar uno y no cualquiera, sino que el Washington Post? El dueño de Amazon no es el primer millonario en controlar un medio, pero sí es el primer magnate que viene del mundo tecnológico o de Silicon Valley. Es una nueva especie en el firmamento y por lo mismo la incertidumbre en cuanto su arribo. La pregunta sobre por qué hizo la compra sigue orbitando y martillea la imaginación de los expertos que elevan teorías por doquier.

Apollo11

Otro de los grandes proyectos de Jeff: el rescate de un motor del Apollo 11. (Imagen: Bezos Expedition)

¿Hambre política? La gente que tiene billetera ancha puede meter la cuchara fácilmente a través de lobby o donando dinero para alguna campaña. Bezos ha puesto dinero en candidatos demócratas y republicanos. ¿Espíritu cívico? Jeff y su esposa han apoyado abiertamente -dinero incluido- movimientos a favor del matrimonio igualitario. ¿Bezosalia? El término acuñado por la revista “The Atlantic” refiere a los extravagantes caprichos del billonario, entre los que se cuentan:

  • El rescate, desde las profundidades del Oceáno Pacífico, de uno de los motores que llevó al Apollo 11 hasta la superficie de la Luna
  • La fundación de Blue Origin, empresa que busca diseñar y liderar el futuro negocio de los viajes al espacio.
  • La construcción de un reloj cucú gigantesco y mecánico que cumpla el sueño del inventor Danny Hill. La idea es que haga cucú una vez cada milenio durante los próximos 10 mil años.

Los economistas y financieros también abren la boca. “The Washington Post” viene con ventas a la baja y muchos se quiebran la cabeza buscando hipótesis de cómo Bezos podrá sacarlo a flote. ¿Eliminando la edición empresa?, ¿agregando e-commerce? ¿invirtiendo sin retorno al igual que el Kindle?, ¿todas las anteriores? Bezos no ha dado entrevistas y lo único que se sabe es que no quiere entrometerse en las decisiones editoriales del día a día.

La pelota rebota y rebota, pero la interrogante se mantiene: ¿por qué Jeff Bezos compró “The Washington Post”?