Tazas de baño caseras salpicadas, inodoros públicos acompañados de pozas de líquido en el suelo. Los hombres tienen una gran ventaja pueden orinar de pie. Sin embargo, ese gran poder es a la vez una espada de Damocles, una responsabilidad enorme y el culpable de un estereotipo injusto y sexista. Que tenemos mala puntería.

Pero el hombre no es sucio. Toda la maldita culpa es de la física, de las fuerzas incontrolables de la Naturaleza.

¿Por qué los hombres salpican la taza del baño?

Los estudiantes de la Universidad Brigham Young, Todd Truscott y Randy Hurd, en su búsqueda de derribar las barreras de lo desconocido, se dedicaron a estudiar meticulosamente la dinámica del chorro de orina al momento de que este hace contacto con el agua que reside en los receptáculos destinados a la labor.

Para ello utilizaron una herramienta que simulaba el chorro y cámaras de alta velocidad dedicadas a captar el proceso. Al final, evacuaron sus conclusiones, apuntando al fenómeno de inestabilidad Plateau-Rayleigh, el cual causa que chorros de líquido se descompongan en gotas, a medida que van cayendo.

En el caso de la orina masculina, esta se transforma en gotas a 15 centímetros desde su salida de la uretra. Al impactar el agua, ¡splash!

Truscott y Hurd justificaron su decisión “en respuesta a duras y repetidas críticas de nuestras madres y varias de nuestras relaciones fallidas con mujeres”.

Ahora, develado el problema, ¿cuál es la solución? Los autores del estudio -que será presentado extensamente en el American Physical Society Meeting- recomiendan que en urinarios públicos se proceda dirigiendo el chorro cerca de la loza y en ángulo cerrado, para reducir el salpicado. En caso de la casa, la alternativa es orinar sentado.

He aquí el problema: ¿es el fin del último bastión de la masculinidad?

Sobre El Autor

Volante de contención retirado. De los siete pulmones que tenía, le quedan 1 3/4. No siempre está de acuerdo con lo que dice.