El rey de la casa, el que ronca más fuerte, el que se queda dormido mientras ve partidos de fútbol cada domingo. Aunque la biología pueda decir lo contrario, padre hay uno solo y es el hombre que te cría. Este domingo es su día y hay mucho que agradecerle. Un coscorrón de aliento, cuando te enseñó a andar en bicicleta, el momento en que -si eres hija- espantó a un jote insistente, o aquellas jornadas -si eres hijo- en las que te llevó al estadio y te dio los consejos que te hicieron triunfar y fracasar conquistando chiquillas. Darle un abrazo y un beso es un lindo gesto, pero tampoco se trata de ser tacaño(a). Métete la mano al bolsillo y regálale algo que siempre quiso.

¿Nuestra propuesta? Ayúdale a enchular (o tunear) el imperio donde su voz es única: la parrilla. Aquí, seis obsequios perfectos para la ocasión.

  • Parrilla. Seguramente tu padre, quien siempre fue mejor que tú en estas artes, tiene una vieja regalona, pero cumplidora. No sea tonto, no hablamos de su mamá, sino que de parrillas. Le encanta pasarle un pedazo de cebolla o limón para limpiarla, antes de tirar las carnes. Sin embargo, hay un momento en que sus horas de servicio se acabaron. Es el instante de comprar un nuevo centro de operaciones para el asado. No se le ocurra comprar una eléctrica, sería casi una ofensa. El parrilleo es un ritual puertas afueras. Evite las que son a gas -una maravilla fácil de usar-, porque él querrá demostrar que es un campeón con el carbón. Compre con sistema de elevación para que no se queme los dedos. Si tiene espacio, dinero y/o habilidades con ladrillos y cemento, esfuércese y hágale un quincho en el patio de la casa.
  • Tenazas y atizador. Dos herramientas fundamentales en un asado. Las primeras sirven para voltear los cortes de carne desparramados sobre la parrilla y aleja a los inexpertos que tratan de ayudar con pinchos y cuchillos, botándole todo el jugo al animal. El atizador, en tanto, ayuda a manejar el carbón, distribuyéndolo de manera homogénea hasta lograr el calor perfecto para la cocción. Por NINGÚN motivo caiga en la adquisición de artículos destinados a echar viento para propagar el fuego. Un buen asador sabe cómo hacerlo sin ayuda de nada. El secador de pelo no se mueve del baño, ¿entendió? Olvídese también de los termómetros para medir la temperatura de la carne. Un artista no necesita ciencia.
  • Set de cuchillos y tabla. La carne nunca se pincha o corta hasta que está lista. Recién ahí, los cuchillos pueden entrar en acción. Sobre una tabla de madera, el asador termina su ritual repartiendo presas entre los comensales. La carne es de un animal noble, por lo que debe ser tratada a la altura. Para ello, la herramienta debe esta perfectamente afilada. Los invitados, por cierto, harán cortes más pequeños para deglutir, usando los cuchillos del resto del set que acaba de comprar. No use el que tiene para la mantequilla. No sea burro.
  • Mandil. Es una forma masculina de decir delantal. Su principal objetivo es impedir que la ropa se ensucie. Un asador, por rústico que sea, sabe que el estilo es esencial y que una mancha puede arruinar una perfecta jornada. La gracia es que puede personalizarlo con mensajes del tipo “El mejor papá del mundo”, “Aquí mando yo” o cualquier frase ingeniosa que su cerebro pueda producir. Hágale el quite a dibujos o leyendas sexuales. Es su papá. ¿Acaso quiere imaginárselo haciendo “eso”? Otro “fashion no-no” es la pechera llena de bolsillos. Usted puede creer que su padre es Rambo, pero al hacer un asado no está yendo a una guerra. Además molesta llenarse de cachivaches alrededor de la cintura. O sea, entre más simple, mejor.
  • Cooler y alcohol de calidad. Hacer asado es una actividad que requiere talento y esfuerzo. Muchas veces se comete el pecado de dejar al asador solo, sin algún interlocutor. Es un error que puede ser entendido. Sin embargo, algo que no tiene perdón ni olvido es mantener al artista más seco que escupo de momia. Por lo mismo, un regalo para ganarse unos puntos con el dueño de casa es un cooler instalado al lado suyo, repleto de heladas y espumosas cervezas. Ojalá que el fruto del lúpulo sea de calidad y no un producto barato. Atrévase con alguna cerveza artesanal. Para el momento de la comida, al menos un par de buenas botellas de vino y nunca considere un exceso tener algo de bajativo. ¿Whisky, frangélico? Lo que sea, pero del bueno.
  • Libros y manuales de asador. Hemos dicho que un buen parrillero no necesita consejos para su obra de arte. Al menos públicamente. Pero de la literatura en el tema, seguramente sabrá sacar uno que otro dato del cual se apropiará para beneficio de toda una familia. También podrá comparar sus técnicas y avalarlas profesionalmente, incluso. Ahora, si el maestro es orgulloso y afirma que no necesita instrucciones de chef aparecidos o snobs de la carne, dígale que el libro puede tener tres novedosos usos: fuente de humor, ser posavasos o un instrumento para avivar el fuego de la parrilla.