Cada vez que Uber entra en un país, se desordena el gallinero.

Si bien no le gusta definirse como un servicio de taxi, eso es precisamente lo que Uber hace: a través de una app de smartphone, los usuarios solicitan un auto para ser llevados de un punto a otro, en un auto particular y previo pago por medio de una tarjeta de crédito almacenada en el sistema. Suena cómodo, rápido y eficiente. Sin embargo, a los taxistas tradicionales no les gusta la competencia, la cual creen que es desleal.

La última gran batalla entre el Team Taxi y el Team Uber se desarrolla en Chile.

El servicio de taxis en Chile tiene problemas. Es una realidad. Y desde el punto de vista de un consumidor, la queja más seria tiene que ver con cobros abusivos y la deshonestidad. Los casos de extranjeros estafados en carreras desde el aeropuerto, las historias de taxímetros arreglados, las colusiones de precio después de un evento masivo pululan en el boca a boca y en redes sociales son palpables. Todos hemos vivido o escuchado alguna de ellas.

La culpa, obviamente, es de los propios taxistas. Pero si uno da un paso atrás también se da cuenta de que este comportamiento es reflejo de una sociedad basada en sacar el mínimo provecho sin importar que en el camino uno perjudique a otro. Desde las cúpulas a las bases. Basta ver a los políticos arrastrándose por unos pesos para sus campañas, a los empresarios coludiéndose para repartirse el mercado (pollos, farmacias, papel higiénico…), a ciudadanos evadiendo el pago en el Transantiago o escuchar el manido discurso del vivo. La lista es eterna.

Y es ahí donde entra Uber. Otra vez, un servicio que suena cómodo, rápido y eficiente. Todo desde el celular y sin tener que salir a la calle a esperar. Lo hemos usado y la verdad es que desde el punto de vista del consumidor, hasta ahora ninguna queja. Además es barato y bonito. ¿Cuál es el problema? El dilema ético.

Sacándose la perspectiva del usuario de encima, Uber sí es competencia desleal. Para empezar, al no ser un servicio de transporte regulado, no requiere de inspecciones especiales para los vehículos ni de exámenes o licencias específicas para sus conductores, dos elementos necesarios para cualquier persona que quiera manejar un taxi. Ni siquiera paga impuestos y esto, claramente, desnivela la cancha.

A eso hay que agregar que los conductores del servicio, al ser aceptados son abandonados a la suerte de un sistema desregulado: no hay beneficios sociales ni tienen opción de formar sindicatos para pelear por sus derechos.

En países europeos, específicamente Alemania, Uber fracasó estruendosamente. ¿Por qué? Resistencia de los taxis, marcos regulatorios serios y usuarios que parecen privilegiar la justicia y la cohesión social, frente a un servicio que ingresó al mercado sin seguir las reglas (inspecciones, exámenes, licencias).

¿Qué ocurrirá en Chile? El gobierno tiene a Uber en la mira por todas estas transgresiones a la ley, pero al mismo tiempo no parece muy preocupado de ver formas que mejoren el servicio de taxis, dejando en el desamparo a los mismos de siempre: los usuarios. ¡Aghhh!

Tú, ¿qué crees de todo esto: eres Team Taxi o Team Uber?