Anita Ekberg está aburrida de muletas y sillas de ruedas. Hace poco, uno de sus perros -un gran danés- la botó sin querer, dejándole una cadera para la miseria. A los 82 años, sola, con algunos dramas financieros y convaleciente no provoca el resplandor ni la atención que antaño despedía su figura. Sin embargo, a ella le importa un carajo. “Olvídate de los cirujanos que levantan cosas, cada edad tiene su propio encanto. Todo se trata de vivir la vida al máximo. La edad es un estado de la mente. ¿Quién está envejeciendo? Yo, ciertamente, no. Mi mente es tan clara como cuando tenía 20″, le contó al “Irish Examiner” hace menos de una semana.

La diva sueca resiste y mantenerla viva en la memoria es nuestro aporte contra el olvido y el abandono.

Nacida en Malmo, en 1931, Ekberg eclipsó al mundo de manera voraz. Siendo joven se convirtió en Miss Suecia y luego compitió en Miss Universo. Si bien no ganó, su voluptuosidad e imagen de fértil diosa escandinava le abrió puertas en la industria cinematográfica estadounidense, donde incluso la llamaron “La Marilyn Monroe de la Paramount”. Sus papeles en Hollywood, eso sí, nunca tuvieron la fuerza suficiente. Más exitoso fue su plan de convertirse en pin-up de la nacientes revistas masculinas y un inteligente sentido de márketing que la hizo rostro recurrente de la prensa rosa, la cual la vinculó con varios cracks de la época, entre ellos Frank Sinatra.

A fines de los 50 su carrera venía cuesta abajo, cuando un giro inesperado la convirtió en estrella inmortal. Anita Ekberg se transformó en la musa de Federico Fellini en “La Dolce Vita (1960) y junto a Marcello Mastroiani es parte de una de las escenas más hermosas en la historia del cine, junto a la Fontana di Trevi, en Roma. Una delicia, un encanto perfecto que hizo sufrir a la actriz.

“Estaba de pie con las piernas desnudas por horas, en un invierno congelante hasta la muerte. Marcello usaba botas de pescador bajo sus pantalones y había tomado alcohol antes. Luego cayó. Tuvimos que repetir la escena. Yo había perdido circulación en mis piernas hacia el final”, relató sobre esa magnífica obra de arte por la cual vivirá siempre en el recuerdo, que tal como ella, nunca envejece.