En tiempos de plástico, bótox y silicona hay momentos en los que se necesita una reflexión. ¿Por qué se perturbó la naturalidad de la belleza femenina? La respuesta, por cierto, nunca llenará los requerimientos de la lógica y llegado a ese punto el único camino viable parece estar en la acción de evocar tiempos anteriores. Y una forma de hacerlo es sumergirse en los clásicos del cine italiano de los 60, fértiles en mujeres capaces de remover la Tierra y provocar cortocircuitos mentales con su sola presencia. Aura, carisma, espíritu.

Sofía LorenGina Lollobrigida son ejemplos elementales de esa esencia, pero hoy nuestro homenaje es para Claudia Cardinale. CC, como alguna vez la bautizó Brigitte Bardot (BB), es hija de padres italianos, pero nació en Túnez, cuando la nación norafricana era un protectorado francés. El dato no es menor al revisar su carrera. Luego de ganar un concurso de belleza tunecino, Cardinale llegó a Italia directo a la industria del cine, donde mató de inmediato. Lo curioso es que su voz ronca fue doblada por muchos años, debido a que el primer idioma que aprendió fue el galo. Tenía acento.

En ese entonces, Cardinale estaba bajó las órdenes de la compañía Vides, la cual la contrató con varias claúsulas, que la obligaban a no cortarse el pelo sin su aprobación, le negaba la posibilidad de casarse e incluso de subir de peso. Una verdadera tiranía.

La actriz trabajó con los más grandes cineastas de la época. Con Luchino Visconti (“Rocco y sus hermanos” y “El Gatopardo”) y con el mítico Federico Fellini. Cardinale fue parte de “8 1/2”, una de las cintas más trascendentales en la historia del cine. En ese film actúa brevemente de sí misma y es la primera vez en que se escucha su voz real. Sus actuaciones, además de su belleza, fueron pavimentando una ruta a Hollywood. En 1964 estuvo en “La Pantera Rosa”, donde su colega de reparto, David Niven, la describió así: “Claudia Cardinale es, después de los spaghettis, la invención más feliz de Italia”. También apareció en “Los profesionales” (1966).

Sin embargo, nunca se sintió cómoda en Estados Unidos. “No me gusta el star system”. Soy una persona normal. Me gusta vivir en Europa. O sea, he ido muchas, pero muchas veces a Hollywood, pero nunca quise firmar un contrato”, dijo alguna vez.

De vuelta a Europa siguió triunfando y en 1968 fue parte del western de Sergio Leone, “Once upon a time in the west”, uno de sus roles más recordados. “Los Angeles Times”, en 2011, la nombró una de las 50 mujeres más bellas en la historia del cine. Y ella siempre supo manejar esa cualidad, bajo un halo de secretismo. “Nunca sentí que el escándalo y las confesiones eran necesarias para ser una actriz. Nuca me he revelado a mí misma o mi cuerpo en las películas. El misterio es muy importante”, afirmó.

Hoy, con 75 años, sigue activa. El glamour ya no es el mismo, pero su recuerdo es imborrable.