Marion Cotillard es una actriz tremenda. Nacida en una familia dedicada a las artes escénicas (su papá incluso era mimo), la francesa respiro teatro y cine desde pequeña. Su nombre de a poco fue esculpiendo su lugar en el cine galo (“Ma vie sexuelle”, “Taxi”) hasta convertirse en un producto de exportación, actuando en películas de Hollywood como “Big Fish”. Sin embargo, el gran salto de Cotillard ocurrió en 2007, cuando pese a la resistencia de algunos ejecutivos, se convirtió en la elegida para interpretar a Edith Piaf en “La vie in rose“. Su performance dejó a todos como estatuas. Muchos creen que revivió a la cantante para una última actuación sobre los escenarios, y hasta se ganó un Oscar a mejor actriz, siendo la primera mujer de habla no inglesa en hacerlo desde Sophia Loren, en 1961.

Desde ese instante se transformó en un objeto de deseo para los grandes estudios. Marion Cotillard apareció en “Inception“, “Midnight in Paris” de Woody Allen y en “The Dark Knight Rises”, la última entrega de la trilogía de Batman hecha por Christopher Nolan.

Cotillard se mueve como un pez por el agua, en los mares de la actuación. No obstante, hay algo que no le acomoda tanto. A Marion le cuesta trabajar junto a su pareja, el director Guillaume Canet, y así lo hizo saber en medio de la filmación del thriller “Blood Ties”. “La dificultad de tener a tu pareja trabajando en el set es difícil de explicar. Realmente quiero que sea feliz en todo lo que hace, y a veces cuando no funciona…, cuando no es feliz, me toca profundamente”, contó, antes de ir más allá. Pero es realmente, realmente interesante estar en la vida de alguien que está en proceso creativo. Incluso cuando algunas veces es realmente difícil de vivir, a veces es el cielo y a veces es el infierno”, agregó.

¿Qué creen ustedes? ¿Es un infierno trabajar en el mismo lugar que tu pareja?

Mientras piensas, un recuerdo de “Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle)” (1996)

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