Michelle Rodríguez encarna perfectamente la imagen de una latina ruda. Su árbol genealógico no miente (pese a nacer en Texas, su padre es de Puerto Rico y su madre de República Dominicana), ni tampoco sus antecedentes juveniles. En rebeldía, quizás por su rechazo a la religión (familia de Testigos de Jehová), la echaron de cinco colegios, y ya crecidita acumuló una larga lista de cara a cara con la ley. Le pegó a una compañera de apartamento, recibió multas por excesos de velocidad y conducción bajo los felices efectos del alcohol.

Probablemente por lo mismo, ese amor a los problemas, es que la actriz cae como anillo al dedo en roles principales de películas de acción. Figura central en “Resident evil” o la saga “Fast and Furious”, con la que llega al cine nuevamente el 24 de mayo. Con armas de grueso calibre, agarrándose a combos o acelerando un motor a todo lo que da siempre deja una estela de misterio y suspiros del tipo “ay, mamacita”.

A ella no le gustan las medias tintas y en la edición verano 2013 de “Cosmopolitan for Latinas” declaró lo que le gusta de un macho. “Me atraen los hombres bien viriles. No me gustan los metrosexuales que se hacen las uñas más de lo que yo lo hago. Esa es la razón de por qué, viviendo en Los Angeles por ocho años, no pueden culparme de tener un compañero”, dijo.

Declaraciones como esa, en todo caso, reviven supuestas versiones de que en realidad no le gusta a los especímenes humanos con el cromosoma XY. Ella lo ha negado, pero también ha reconocido experiencias con el mismo sexo.

Rodríguez, de 34 años, no deja a nadie indiferente, como tampoco el pensamiento que rodea su mente por estos días: abandonar la pantalla grande. “La verdad es que quiero decirle adiós a la actuación por un minuto y salir fuera de cámara. Entré a este negocio para escribir (guiones). He esperado 13 años para hacerlo. ¿Sabes lo doloroso que es? Es muy doloroso. Pero estoy lista, y eso significa que tengo que cortar. Me iré a la montaña y diré adiós a todos”, agregó en Cosmo.

Felicidad y realización personal para ella. Tristeza y dolor para nosotros.

Sobre El Autor