¿Hay alguien en el mundo capaz de odiar a Mila Kunis? Si existe esa persona, más allá de que sea una remota probabilidad, una cosa es segura: va por el mal camino. Mila es bella, natural, inteligente, divertida, chispeante y una persona completamente alejada de las poses de diva que inundan la industria cinematográfica. Un combo sexy (en toda la amplitud de la palabra) fuera del molde. Parece genuina y, además, es inmune a los celos. ¿Alguna mujer se siente celosa al verla? No, porque las mujeres también la aman.

Mila nació en Ucrania como Milena Markovna Kunis. A los siete años, sus padres emigraron a Estados Unidos, donde rápidamente mostró un interés por las artes escénicas. Tanto era el amor por las tablas que, al cumplir 15, agarró un rol en TV que hizo despegar su carrera a la velocidad de la luz: Jackie en “That’s 70 Show”. Un año después era la voz de Meg Griffin en la irreverente “Family Guy”. El salto a la pantalla grande estaba en el horizonte, esperando la mayoría de edad. La transición no fue fácil, pero su imagen es indivisible de cintas como “Forgetting Sarah Marshall”, “The book of Eli” o la jocosa “Ted”. Ni hablar de “Black Swan” y esos inolvidables momentos junto a Natalie Portman.

Fuera del set, Kunis ha logrado adosar la palabra cool a su piel. Una vez demostró que puede meterse el puño de su mano en la boca y confesó que tomar algún licor desde la botella es totalmente normal y que no necesita vasos, porque no es una señorita. Este año también protagonizó una entrevista en BBC que derritió los corazones que no aún no estaban alineados con su encanto. En plena campaña de  “Oz the Great and Powerful” prefirió escuchar las historias del periodista que tenía en frente sobre fútbol, el Watford y la vida de bar. De esa conversación, sabemos que Mila ama la cerveza Blue Moon.

El único punto negro de Mila Kunis es Ashton Kutcher. Pero la perdonamos. Sobre todo esta semana, en la que acaba de cumplir tiernos 30 años

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