O’Higgins esperó 58 años para lograr su primer título en la primera división del fútbol chileno. La pérdida de la virginidad ocurrió este martes, luego de que el Capo de Provincia venciera por 1-0 a Universidad Católica, con gol del tucumano Pablo Hernández, hoy héroe de Rancagua.

¿Por qué O’Higgins mereció ser campeón? Aquí te exponemos las 10 claves del título Celeste:

1. El mejor DT: Eduardo Berizzo

Berizzo

Parra Ohi (CC Y SA 3.0)

Los primeros pasos que Eduardo Berizzo dio como entrenador fueron junto a Marcelo Bielsa. El Toto fue el ayudante del rosarino en la exitosa Selección de Chile que acabó con boletos para Sudáfrica 2010. Con el tiempo, sus caminos se bifurcaron, pero el discípulo siguió regando las enseñanzas del maestro, pero ahora liderando sus propios sueños. Con fútbol frontal, de estudio y mecanización, Berizzo conquistó rápidamente los suspiros del hincha rancagüino. La movilidad del mediocampo y las sociedades por las bandas le dieron al equipo chispa, velocidad y argumentos para desafiar a quien se cruzara por el frente. En 2012, la U -con colaboración del árbitro Enrique Osses y una horrible performance desde los 12 pasos- les robó el título que tenían a un soplido. Sin embargo, lejos de desmoronarse, Berizzo supo rearmar la moral del club y renovar los votos de su proyecto para instalarlo en una nueva final, la cual no desaprovecharon. O’Higgins es campeón por primera vez en 58 años y el argentino es dueño de ese lugar en la historia.

2. La valla menos batida

Durante los 19 partidos de la fase regular del torneo, O’Higgins recibió solo 13 goles en contra, convirtiéndose en la valla menos batida de la competencia. El honor lo compartió justamente con su oponente en la final: Universidad Católica. Pero en la definición, solo uno de los porteros mantuvo sus tubos invulnerables y ese fue el Celeste Paulo Garcés, formado también -oh, paradoja- en los pastos de la UC. El halcón tuvo una noche memorable -quizás un poco manchada por su incomprensible deseo de provocar a sus ex compañeros-, en la que, como dicen los clichés deportivos, puso candado a su arco. Su trabajo, eso sí, contó con la ayuda de la mejor dupla de centrales del torneo. Mariano Uglesich y, sobre todo, Julio Barroso se coronaron como los patrones del área. Ambos se lucieron ahogando ataques rivales y sin necesidad de violencia. Barroso, de hecho, recibió apenas tres tarjetas amarillas en todo el campeonato.

3. El equilibrio: Braulio Leal

Chapita llegó a O’Higgins en 2012, luego de un largo paso por Unión Española. El volante, poco a poco, fue ganado gravitación en el equipo hasta convertirse en el capitán. Su voz se escucha en el camarín y en la cancha es su ritmo el que se impone. La dinámica Celeste es solo posible por el equilibrio que Leal le entrega. Capaz de tejer con toques cortos y también sorprender con pelotas a las espaldas de los rivales, el mediocampista se erigió como una de las grandes figuras de la campaña. El crédito, eso sí, también va para su socio en el círculo central: César Fuentes, joya de las inferiores rancagüinas.

4. La unión hinchada-plantel forjada en el dolor

Es obvio que los hinchas aman a su club y que el vínculo se estrecha en momentos de gloria. Un ejemplo es que los fanáticos piden una estatua para el DT Eduardo Berizzo, quien ya tiene goza del reconocimiento popular gracias a un sándwich que lleva su nombre, en un local de Rancagua. Sin embargo, el lazo que marca a fuego a este equipo con su público se forjó en el dolor. En febrero de este año, 16 hinchas de O’Higgins murieron en Tomé, luego de que el bus que los trasladaba volcara en una cuesta. La pena rancagüina fue gigantesca y los jugadores sintieron la partida de cada uno de los simpatizantes como una pérdida propia. En noviembre de 2013, el club inauguró un monumento en honor a las 16 víctimas en El Monasterio, el nuevo complejo deportivo de la institución. El título es también un nuevo homenaje a su memoria.

5. Los goles de Calandria y el Tucumano

El fútbol es alegría gracias a los goles y en O’Higgins dos jugadores destacaron por hacerlos llover: Pablo Calandria y Pablo Hernández. Calandria hizo 9 y fue el segundo máximo anotador del campeonato. Desechado en la misma Católica y en Santiago Wanderers, Berizzo supo levantar el teléfono y convertirlo en el eje de su ataque. El delantero, sin ser un virtuoso, tuvo el talento de aguantar a todas las defensas del torneo para generar descargas hacia los costados y ofrecer múltiples cartas ofensivas. Su esfuerzo se pagó al ser quien concluía las jugadas. El Tucumano Hernández, quien ansía ser chileno, aportó desde más atrás, con excelente control de balón, precisión de pase y siete goles, incluido el último, el del primer título en 58 años de historia.

6. El mejor dirigente: Ricardo Abumohor

El dueño de O’Higgins es uno de los pocos -acaso el único- empresario que entrega elementos positivos a la hora de analizar el ingreso de las sociedades anónimas al fútbol chileno. Pese a perder plata con el club, Abumohor cree en un proyecto que no es solo económico, sino que también deportivo y social. Ejemplo de eso es la construcción del complejo Monasterio Celeste, en el cual se pretende forjar a las futuras estrellas del cuadro rancagüino, y la confianza ilimitada en el proyecto de Berizzo, sin desesperarse ante la premura instalada por un sistema basado en resultados al corto plazo. Su paciencia rindió frutos.

7. No lloraron por ser visita durante todo el torneo

El estadio El Teniente de Rancagua pasa por un período de remodelación que impidió a O’Higgins disputar sus partidos de local dentro del recinto. Con el mundialista cerrado, el Capo de Provincia se trasladó al Municipal de La Pintana, en Santiago, para recibir a sus rivales. Pero incluso ahí tuvo que moverse al Santa Laura -también en la capital- para disputar encuentros con equipos de mayor convocatoria, como fue el caso ante Colo Colo. Pese a la desventaja deportiva, lejos de llorar, los Celestes asumieron que la batalla era desigual y enfrentaron la cancha dispareja con nobleza e hidalguía.

8. Su zarpazo final: 6 triunfos seguidos

Hasta la duodécima fecha, O’Higgins todavía no configuraba la ilusión del campeonato. Acechaba, pero la irregularidad aún se olía en el ambiente y la derrota de esa jornada ante Colo Colo (2-3) era una muestra papable de que el equipo no cuajaba del todo. Sin embargo, ese día significaría el último desperdicio de puntos de su campaña. De ahí en adelante, los Celestes solo sumaron de a tres. Vencieron 4-0 a Cobresal, en El Salvador, triunfaron sobre Cobreloa y la victoria siguiente sobre Unión La Calera los puso en la misma línea que la UC -que caía frente a Antofagasta-. Luego vino la tarea de soportar la presión ante Unión Española y Rangers. Eran cinco triunfos seguidos que le daban una oportunidad de definición ante la misma Católica. Los nervios estaban, pero la sexta victoria consecutiva cayó para dar el último zarpazo al Huemul de Plata.

9. La mejor madrina: Daniella Chávez

La modelo prometió una sesión de cuerpos pintados si O’Higgins lograba el título. Hoy compra pintura. Daniella mostró su fanatismo a lo largo de todo el torneo, compartiendo un puñado de fotos en su cuenta Twitter que tenía a los hinchas aullando por la estrella. Su amor por la camiseta apareció en medios nacionales e incluso internacionales, quienes no dudaron en darle un espacio en sus ediciones impresas y online.

madrina ohiggins

Twitter (@angelita_dany)

10. El cuento del Capo de Provincia

O’Higgins está lejos de ser el club de provincia con más títulos de la liga chilena. Su primera estrella apenas lo hace igualar lo hecho por San Felipe en 1971, pero todavía no le alcanza para estar en la línea de Everton, Huachipato, Wanderers, ni menos Cobreloa, el equipo más exitoso fuera de la comarca santiaguina. Sin embargo, pese a esto, la hinchada celeste ha sabido construir un cuento de aguante, de un te sigo a todas partes que paulatinamente se ha ido instalando en el lenguaje futbolero de la nación, e incluso más allá. La historia, dicen, es reciente y ronda el año 2005, temporada en que logran el ascenso, en una definición ante Melipilla. Privados de entradas, los hinchas rancagüinos igual se las arreglan para ser de local en las gradas del Roberto Bravo, en el partido que significó el regreso a la categoría de honor. Desde entonces, el mito crece y los hinchas se creen el cuento, ese de ser El Capo de Provincia.