Anoche se dio fin a la fase regular de la NBA y los Golden State Warriors batieron el récord de mayor cantidad de victorias en una temporada (73), batiendo el registro establecido por los Chicago Bulls de Michael Jordan en el curso 95-96 (72). Sin embargo, más allá de lo increíble de la estadística también fue una noche cargada a lo emocional: con un triunfo sobre Utah Jazz, Los Angeles Lakers despidieron a su emblema, Kobe Bryant.

Tras 20 años de carrera, todos ellos defendiendo la camiseta de los angelinos, Kobe Bryant dejó una marca indeleble no solo en casa, sino que también en toda la NBA: 1.346 partidos disputados, más de 33 mil puntos encestados (que lo convieren en el tercer mayor anotador en la historia de la NBA, solo detrás de Kareem-Abdul Jabbar y Karl Malone), cinco anillos de liga (2000, 2001, 2002, 2009 y 2010), 17 selección al Juego de las Estrellas y dos medallas de oro olímpicas defendiendo al Dream Team de Estados Unidos.

Su adiós, a los 37 años, obviamente iba a ser emocional. Nike, su auspiciador, lo promocionó como el Black Mamba Day, haciendo alusión a su sobrenombre. Kobe Bryant, al igual que una serpiente black mamba, se movía rápido y atacaba cuando menos lo esperaba. En el Staples Center, en tanto, esperaban los famosos de siempre, entre ellos Jack Nicholson, Snoop Dog, Adam Levine, y otros más atraídos por lo especial de la ocasión como fue el caso de Jay-Z y Kanye West.

Cayeron hasta globos.

Todo era una fiesta brillante y suprema para celebrar al ícono. Un ícono que tiene un lado oscuro, eso sí. Nadie duda que Kobe Bryant fue un gran cabrón dentro del camarín de los Lakers, que si algo no le gustaba lo decía. Era básicamente un pequeño tirano y la cantidad de colegas que lo trataron de “pendejo” no es menor, entre ellos Kevin Durant y Steve Nash. Con Shaq las cosas tampoco terminaron tan bien, pese a la temible sociedad que formaron. Ni hablar del caso de sexo no consentido con una trabajadora de un hotel en Colorado que llegó a la justicia y que fue resuelto fuera de corte.

Lo último es difícil de digerir (quizás no debiera ser digerido), pero la gente que llenó el Staples Center pareció olvidar esa gran mancha de su carrera con gritos de ¡Kobe, Kobe! Un aliento que revivió su fuego interno y lo empujó a anotar 60 puntos, una marca que logró solo seis veces en su carrera (la última vez en 2009) y que hizo delirar tanto a sus fanáticos como a sus hijos.

“Lo mejor de todo esto es que mis hijos me vieron jugar como lo solía hacer. Estaban, ¡wow, papá! Y yo les decía sí, yo solía jugar así. Me respondieron ¿en serio? Y yo les contesté mírenlo en YouTube“, concluyó el propio Kobe Bryant cuando el silbato final ya había anunciado sus últimas canastas.