Julio de 2010, LeBron James anuncia que deja los Cleveland Cavaliers, el equipo de su ciudad natal, para firmar por los Miami Heat. La ciudad no lo puede creer: su única esperanza para ganar un título en la NBA les clavaba un puñal. Lo llaman traidor, queman sus camisetas y el rencor aumenta con cada una de las dos coronas que King James lograría con los de Miami.

Cinco años después, sin embargo, James decide volver a casa. El chico de Akron, el hijo pródigo regresa a Cleveland y promete que algún día les daría ese ansiado título… En su primer intento, falla. En la temporada 2014-2015, los Cavs no pueden con Golden State Warriors. Hay tristeza, pero James no claudica.

En el curso 2015-2016, los Warriors rompen récords liderados por Steph Curry y en la final nuevamente se encuentran con los Cavs de LeBron James. Por un momento la serie parece definida: los Warrios aventajan la final por 3-1 (se juega al mejor de siete) y quedan a un triunfo de su segundo título consecutivo. Es ahí cuando James, acompañado del fenomenal Kyrie Irving, se plantan para hacer historia y darle a los Cavs su primer título en la NBA y a la ciudad de Cleveland su primer título en uno de los cuatro deportes grandes de Estados Unidos (básquetbol , béisbol, fútbol americano, hockey) desde 1964, cuando los Cleveland Browns obtuvieron la NFL.

Los Cavs de James remontan el 3-1 y se transforman así en el primer campeón de la NBA en revertir tamaño déficit. Para el recuerdo, James haciendo 41 puntos en el Juego 5 o el tapón a Andre Iguodala a 1:50 del final del Juego 7. Jugadas fundamentales que además convierten a LeBron en el MVP de la final, le dan su tercer anillo y le demuestran al mundo que sigue siendo el maldito rey de la NBA.

Lebron James