Que un hombre adulto muerda a otro en medio de un partido de fútbol no es normal. Tampoco lo es un codazo, un escupo ni andar tirándose piqueros para simular un penal. Pero hay que hablar de un mordisco.

El pasado martes, en el minuto 80 del juego entre Uruguay e Italia por el Grupo D de Brasil 2014, Luis Suárez abrió su boca y clavó sus dientes en el hombro de Giorgio Chiellini. El árbitro mexicano Marco Rodríguez (Chiquidrácula) no vio nada y dejó el incidente sin sanción. Fuera de las canchas: carnaval de risas y crucifixión.

Hannibal Lecter Suarez

No era la primera vez.

  • En 2010, con la camiseta de Ajax, Luisito Suárez mordió a Otman Bakkal
  • En 2013, ya en el Liverpool, probó la piel de Branislav Ivanovic

El reclamo italiano postpartido y su prontuario comenzaron a tejer presión a la FIFA para proceder a una sanción de oficio en contra de Suárez. Que con la evidencia de las cámaras de TV era suficiente para probar su culpabilidad.

En Uruguay, la opinión es diferente. No hay imagen concluyente que demuestre el mordisco (más allá de lo que serían sus dientes marcados en la espalda de Chiellini), que detrás está la mafia FIFA  y que si en el caso de que la agresión de Suárez haya sido tal, se debe abrir este tipo de expedientes a todos o a ninguno. Esto en relación a la inconsecuencia de la FIFA ante eventos de violencia dentro de un campo de juego. Por ejemplo, en 2013, de hecho, Suárez se salvó de un castigo por puñetear al chileno Gonzalo Jara.

Al interior del plantel charrúa se habla de la “conveniencia” de debilitar a Uruguay para no repetir el Maracanazo de 1950. Que en Brasil 2014 ha habido un par de codazos violentos que nadie reprochó ni en cancha ni en TV. Que no se mide con la misma vara.

Incluso el presidente Pepe Mujica mete la cuchara. Dijo que lo de Suárez era una “chiquilinada”, pero que no había lugar a sanción. “No sé explicarlo. Ahora, si el juez no lo castiga y se lo hace por una imagen de televisión en ese caso habría que cobrar los penales que aparecen y no se cobran una vez que el juez falló. Yo creo que lo que no cobra el juez, se acabó”.

Mujica es un hombre lleno de sentido común, pero pretender que Suárez saldría limpio de esta era tan inocente como creer que en la decisión de Qatar 2022 no hubo dinero de prebendas llenando los bolsillos de Zurich, o pensar que un peso pesado de la FIFA será sancionado por corrupción.

Esto porque pese a su historial de inconsistencia, el Comité de Disciplina de la FIFA igual tiene antecedentes de castigo por oficio en mundiales: al iraquí Samir Shaker por escupir a un árbitro en México 1986 (1 año), el codazo de Mauro Tassotti a Luis Enrique en Estados Unidos 1994 (7 partidos) y el leve cachetazo de Torsten Frings a Julio Cruz en Alemania 2006 (1 partido).

¿Luis Suárez? Este jueves hubo veredicto: 9 partidos, cuatro meses sin jugar en su club, hasta hoy el Liverpool, la imposibilidad de acercarse a un estadio y una multa de 82 mil euros.

¿Justo o exagerado?

Los nueve partidos por Uruguay, objetivamente, parecen lógicos considerando las sanciones anteriores (7 encuentros por el caso Bakkal y 10 por la mordida a Ivanovic). Se puede patalear y es válido y preciso hacerlo, sobre todo, si eres uruguayo. Pero hay otras preguntas, como por qué se sanciona con mas partidos una acción como un mordisco y no un codazo (en promedio cuatro partidos), el cual supone mayores riesgos para la salud de una persona.

Una lástima, pero por matemática el puzzle estaba más o menos resuelto: la sanción, en ningún caso, iba a ser inferior a 7 partidos.

Párrafo aparte para los cuatro meses fuera de las canchas. Sinceramente esto no resiste análisis, es una sanción que más que ejemplificadora muestra saña. A la FIFA se le pasó la mano. Son por lo bajo otros 20 partidos de alta competencia y sin siquiera poder ver a sus compañeros desde la galería. Suárez se equivocó, merecía una sanción, pero ¿acaso no era suficiente dejarlo sin Mundial?

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