Viluco es un pequeño pueblo al sur de Santiago. Tan pequeño que ni siquiera tiene una entrada en Wikipedia. Una zona rural y de esfuerzo, que hoy tiene un reconocimiento fruto de su tierra: es el lugar de nacimiento de Claudio Bravo, arquero y capitán de la Selección de Chile, la Roja que recibe elogios a lo largo y ancho del planeta, luego de haber eliminado a España de Brasil 2014.

La campaña chilena es fantástica y Bravo se erige como bastión central. Ante los hispanos puso un candado en la portería, justo en momentos en que se da por seguro su traspaso de la Real Sociedad al Barcelona. Su actuación, que incluyó seis tapadas, fue tan soberbia que quedó al frente de varios ránkings de rendimiento, como el mejor arquero del Mundial. Incluso sobre Memo Ochoa.

El trabajo para lograrlo no ha sido corto. Con 31 años, Bravo ha tenido una carrera de pasitos cortos, pero seguros. Sus pies siempre tocaron tierra, con humildad, paciencia y sin grandes fanfarrias.

Cuando era niño, a Claudio le gustaba jugar de delantero. ¿Y a quién no? Pero mientras se sacaba buenas notas en el colegio, su padre le vio otras cualidades y lo llevó a probarse a Colo Colo, el equipo más popular de Chile. Ahí hizo todas las divisiones inferiores como arquero. Volaba de un lado a otro y lo bautizaron como Monín. Pronto aprendió la gloria de Roberto Rojas, el Cóndor, quien se transformó en su ídolo.

Monín o el Cóndor Chico espero el curso natural de la vida hasta que un día se hizo dueño del arco del Cacique, donde tuvo varias jornadas de héroe. ¿La más especial? El título Apertura 2006, luego de atajar este penal a Mayer Candelo, de Universidad de Chile.

2006 fue el año en que, además, armó maletas hacia España. La Real Sociedad confió en sus manos para tratar de emular viejas glorias del club como Luis Arconada. El comienzo no fue fácil. Los donostiarras descendieron y Bravo no era titular. Tampoco lo fue al año siguiente, viviendo a la sombra de Asier Riesgo. Pero, nuevamente, espero. Un día el arco se abrió y no lo volvió a entregar. Ganó premios de imbatibilidad y lideró a los txuri urdin de vuelta a la Liga BBVA en la campaña 2009-2010. Hasta se dio el lujo de creerse por un día José Luis Chilavert y convertir un gol de tiro libre, gracias al beneplácito del DT Martín Lasarte.

En la Real Sociedad, al igual que en Colo Colo, Bravo se convirtió en un ídolo. Es el segundo extranjero con mayor cantidad de partidos con los donostiarras (236), solo detrás del delantero Darko Kovacevic (286). Pero además lo que encanta es su sencillez, un estilo de vida tranquilo y familiar, junto a su esposa Carla y sus tres hijos, su generosidad y su conciencia como figura. ¿Un ejemplo? Bravo regala una camiseta a un niño enfermo cada vez que termina con la valla en cero.

“Ser el espejo en el que se fijan muchos niños es bonito y a la vez una responsabilidad muy grande porque los más pequeños aprenden rápidamente todo: lo bueno y lo malo, por eso debemos ser conscientes que lo que nosotros hagamos hoy en el terreno de juego será lo que hagan ellos el día de mañana“, afirmó en una entrevista al sitio Number1Sport.

Sus rivales también lo elogian por esa caballerosidad y, claro, por sus atajadas. Una de las flores más grandes se la dio Marcelo Bielsa, quien lo había entrenado en Chile, pero que en ese momento dirigía a Athletic de Bilbao, el archirrival de la Real Sociedad.

“Quería hacer un reconocimiento público al arquero de la Real Sociedad; conviví con él mucho tiempo. Más allá de lo extraordinario portero que es, que hoy quedó evidenciado, nuestro grupo de trabajo le debe mucho porque fue el capitán y el sostenedor de lo que intentamos hacer”, explicó el rosarino en una conferencia de prensa.

La frase resume el respeto de los jugadores de la selección chilena hacia su figura. En las Clasificatorias rumbo a Sudáfrica 2010, cuenta el PF de entonces, Luis Bonini, que a la hora de elegir capitán todos votaron por Marcelo Salas. Salas, en tanto, votó por Bravo. Cuando el Matador se retiró, la jineta fue heredada por el Cóndor Chico.

Bravo no es perfecto, pero con 81 partidos en La Roja – a tres del récord de Leonel Sánchez – es el líder espiritual, la voz de mando que une a una generación que sueña en grande. Y como decía Walt Disney: “Si puedes soñarlo, puedes lograrlo”.

Tras el Mundial, Bravo cumplirá otro: El Barcelona acaba de pagar 12 millones de euro a la Real Sociedad. El Cóndor Chico vuela al equipo más grande de este siglo.