Gelsenkirchen, 16 de junio de 2006.

Argentina juega su segundo partido en el Mundial de Alemania, ante Serbia. La Albiceleste domina con autoridad y el placard lo refleja con un 5-0. Es el minuto 88 y un jovencito de pelo al viento, que había entrado 13 minutos antes, se cuela por la derecha y cierra la llave: 6-0. Es Lionel Messi, delantero que venía de su temporada debut en Barcelona, de quien se dice que será el próximo Maradona.

En total, Messi, apenas juega 91 minutos durante el torneo, y no puede evitar la eliminación en cuartos de final frente a los locales. Sin embargo, siembra las esperanzas para Sudáfrica 2010, las esperanzas de volver a ser campeones, como en el 86.

En el intertanto, Messi explota, se convierte en un extraterrestre, gana dos veces el Ballon d’Or. Messi acá, Messi allá. Messi se transfigura en D10s para el Barcelona. Llega Sudáfrica 2010, con Messi en cancha y el mismo Maradona como técnico. La primera fase es un trámite, lo mismo que octavos de final. Pero en cuartos, otra vez, los germanos los quitan del camino y con paliza incluida: 4-0.

Hay amargura, pero sobre todo en la cara de Messi. Leo ya es líder, pero no es capaz de marcar siquiera un gol, sin demostrar por qué es el mejor jugador del planeta.

Tras el llanto, el sol vuelve a salir. La Pulga obtiene otros dos Ballon d’Or y comienza a encajar de mejor manera en la selección argentina y comanda de manera brillante la clasificación a Brasil 2014.

Río de Janeiro, 15 de junio de 2014.

Han pasado 7 años y 364 días del primer y único gol de Messi en un Mundial. Messi nuevamente es el líder, el guía de las esperanzas argentinas, las cuales tienen su primer escollo en el Maracaná: Bosnia y Herzegovina. Un autogol le da a la Albiceleste una ventaja temprana, pero luego el partido es ríspido. Messi no puede progresar de manera fluida, siempre tiene dos, tres y hasta cuatro rivales encima.

Messi no brilla. De hecho termina el partido con apenas un 80% de efectividad en pases, 56 de 70 (En Barcelona bordea el 85%). Pero por un segundo tiene un destello y ese destello es suficiente para aferrar el sueño a sus pies.

A los 65 comienza un slalom, esos de derecha a izquierda que tanto lo caracterizan. Se apoya a Gonzalo Higuaín, quien de espalda al arco, de inmediato devuelve el balón a Messi para continuar con una diagonal que se vuelve paralela en el límite del área grande y que hace chocar a dos palitroques bosnios, antes de sacar un latigazo con la izquierda que golpea en el poste antes de hacer estallar al Maracaná con un grito.

El grito de gol de Messi, el primero después de 7 años y 364 días.