La Copa Confederaciones 2017 apenas comienza y ya tiene a un protagonista que se roba los titulares. Se trata del sistema VAR (Video Assisting Referee), una verdadera evolución en el fútbol.

El sistema se ha utilizado antes, pero podríamos decir que este es su debut mediático/masivo. ¿En qué consiste? Básicamente es un apoyo tecnológico (cámaras de TV) que tienen los árbitros para confirmar tres situaciones clave durante un partido de fútbol: goles, penales y tarjetas rojas. Ante la duda, se revisa la jugada.

Muchos dirán, con razón, que el VAR interfiere el flujo de juego. Que la revisión de una jugada polémica toma mucho tiempo (aproximadamente 40 segundos) y que incluso ahogará, en ocasiones, la máxima emoción del fútbol: el festejo de gol.

Basta mirar el gol anulado a Pepe, en el duelo de Portugal vs. México, y los goles (uno anulado y otro validado) de Eduardo Vargas, en el partido de Chile ante Camerún, para comprobar el choque entre la emoción y la justicia.

Todo apegado a la regla, aunque no estemos acostumbrados.

Sin embargo, por muy impopular que sea, creo que el VAR es una evolución necesaria en el fútbol. Esto porque además de asistir a los jueces de línea con la compleja tarea de los offsides, también acaba con una serie de enfermedades que lo manchan. Algunos las llamaran folclore o picardía, pero al final del día, son solo pestes.

Por ejemplo, en el caso de los penales, es un gran arma contra los tramposos y simuladores. El VAR, esencialmente, pone fin a los piscinazos dentro del área. En cuanto a los goles, en tanto, se evitarán engaños como el de Thierry Henry ante Irlanda en 2009 o la erróneamente glorificada “Mano de Dios” de Diego Maradona a Inglaterra en 1986.

Incluso debiera despejar dudas sobre sobornos arbitrales y escándalos de apuestas.

¿Se puede mejorar su implementación? Claro que sí, el VAR está apenas en período de prueba.

Pero en la raya para la suma, hace justo lo que es justo.