El glamour dentro de las canchas de fútbol sufre una gran pérdida. A los 38 años, el astro inglés David Beckham anunció que colgará los botines. Gran parte de su carrera estuvo atravesada por una duda fundamental: ¿qué era finalmente Becks? ¿un futbolista o un modelo? La respuesta puede ser ambas, pero también ninguna de las dos. El Spice Boy es un gran empresario y el mejor relacionador público de su producto estrella: su imagen.

Talento siempre tuvo. Su pegada con la pierna derecha debe ser una de las más exquisitas que ha dado el deporte mundial. Era un guante y se llenó de gloria con centros de la muerte y tiros libre de precisión suiza. A eso, le sumaba una apariencia ajustada a los cánones de belleza estipulados en el mundo moderno.

Con la dosis perfecta de ambas cualidades, David fue construyendo carrera y abriendo mercados para crear una marca alrededor de sí mismo. Sus cualidades deportivas rápidamente emergieron y fueron alimentadas por Alex Ferguson, en el Manchester United. Su irrupción fue poderosa, con goles de mitad de cancha y títulos que engrandecieron la historia de los Diablos Rojos. Fue nominado a la selección inglesa y en el Mundial de 1998 fue expulsado ante Argentina, por caer en un jueguito del viejo Diego Pablo Simeone.

Fue duro, pero sobrevivió. Una gran jugada fue su alianza con Victoria Adams, miembro del grupo musical “Spice Girls”. Se casaron y el negocio explotó. Beckham dejó el United, luego de que Alex Ferguson, sin querer, le rompiera una ceja con un zapato de fútbol. ¿Su destino? Uno de los tantos intentos “Galácticos” del Real Madrid, el equipo más importante del siglo XX. En el Reino Unido y en España, creaba escuela en la cancha y fuera de ella. Sus cortes de pelo imponían moda: melena, mohicano, rapado al uno o con moño en la mollera. El público femenino adoraba sus comerciales de ropa interior a torso desnudo. “Tiene todo su glamour, pero es lo que es gracias a lo que hace en el campo”, lo definió alguna vez Ronaldo, el último gran 9 de Brasil, y quien también supo imponer moda.

¡Pum! Y de repente deja a los merengues y se va a un destino futbolístico improbable: Los Angeles Galaxy de Estados Unidos. Todos saben que el balompié allá, está detrás del béisbol, el fútbol americano, el básquetbol y el hockey. Pero David y Victoria aterrizan en California, la casa de Hollywood. Los Beckham sellan su destino como celebridades.

El negocio es redondo y permite al futbolista, al tiempo que se mantiene en la alta competencia y en la selección de su país, hacer dos inversiones más: un préstamo de seis meses en Italia para jugar en el Milan y un contrato por otros seis meses en el Paris Saint Germain de Francia, donde finalmente anuncia su retiro. ¿Qué tienen en común Milán, París (y no olvidemos Madrid)? Son también las capitales de la moda en Europa.

Clubes, títulos y ciudades importantes. La carrera de Beckham no da puntada sin hilo, mientras su discurso público se estaciona en lo deportivo. “Creo que con los años, en mi vida y mi carrera, la gente obviamente ha mirado algunas otras cosas que a veces ensombrecieron lo que logre en el campo. Y eso, por mucho que diga que no me daña, por supuesto que lo hace”, le confesó en una entrevista a su ex compañero, Gary Neville

Beckham fue futbolista, uno muy bueno, también modelo, celebridad y empresario. Abandona la cancha, pero la cosecha será fértil. Invirtió lo suyo, su esposa lo mismo y sus cuatro hijos (tres niños y una niña) ya comienzan a hacer lo mismo por su cuenta. “Estoy orgulloso”, remata David. Como un gol de media cancha.