“Soy pívot de la NBA, de 34 años. Soy negro. Y soy gay”. Jason Collins está lejos de ser un jugador de primera línea en la liga de básquetbol estadounidense. Sin embargo, su nombre comienza a ser parte de la historia de la competencia, al convertirse en “el primer atleta profesional” gringo, en actividad, en salir del clóset. Su declaración, hecha recientemente en la revista “Sports Illustrated”, reaviva el debate en torno a cómo derribar el tabú más grande dentro de los deportes colectivos masculinos.

Jason Collins es el primer NBA en reconocer su homosexualidad.

La homosexualidad suele no ser bien mirada entre los miembros de un equipo (rugby, fútbol, etcétera). Es una realidad que se niega, que se esconde y que tampoco se manifiesta. A lo más queda en esa poca sana institución llamada “secreto de camarín” o tapada con afirmaciones del tipo “debe haber, pero nunca me tocó ver un caso”.

Los conceptos de virilidad y de que hay que ser “machito” son malentendidos, pero continúan prevaleciendo. En ese contexto, el monopolio de la rudeza como supuesta piedra angular del deporte parece ser propiedad de los “hombres bien hombres”, y el resto no es bienvenido o no sería capaz de ejercerla (el mismo discurso se usa para minimizar los deportes colectivos femeninos). La represión, sobre la base del miedo, prima como castigo social. “Lo veo difícil, pero yo creo que hay que echarlo. No hay más que decir”, respondió Esteban Paredes en 2011, cuando era capitán de Colo Colo y le preguntaron qué haría si tuviera un compañero gay. Tuvo que pedir disculpas.

Garet Thomas Filter

Gareth Thomas es un ejemplo de valentía y fortaleza en el rugby.

Los hinchas también son reacios a la homosexualidad y lo demuestran con cánticos que buscan ser ofensivos (“poronponpón, poronponpón, el que no salta es (nacionalidad al azar) maricón”) y propagación de rumores. ¿Ha escuchado alguna vez que Johnny Herrera es homosexual? Montón de veces. El propio arquero de la Universidad de Chile salió a negarlo en “The Clinic”. “Lo que pasa es que en este país por ser educado te catalogan de gay po, hueón”, dijo, para luego caer en el machismo típico de camarín y rechazar la existencia de homosexuales en el deporte. “Futbolista que se la coma, como se dice en el fútbol, no hay”, señaló no de manera muy elegante.

En el resto del mundo, el asunto no es mejor. Ni siquiera en la evolucionada Europa. En 1990, Justin Fashanu, un futbolista de condiciones decentes de la liga inglesa (fue el primer jugador negro cuyo pase superó la barrera del millón de libras), se convirtió en el primer jugador de un torneo de renombre en reconocer su homosexualidad. A partir de ese momento se convirtió en un paria, deambuló por equipos de mala muerte, se retiró y terminó suicidándose en 1998, luego de ser acusado de un supuesto abuso a un menor de 17 años, en Estados Unidos.

En 2011, la Federación Alemana de fútbol elaboró una campaña para que los jugadores que fueran gays salieran del clóset. El esfuerzo contó con el apoyo de algunos seleccionados como Mario Gómez y Manuel Neuer (ninguno de los dos es homosexual), pero no pasó mucho.

La situación es similar en el rugby, que contiene un aura de mayor fiereza física. El tema se esquiva, aunque existe un caso icónico: Gareth Thomas. La estrella galesa -capitán en algunos partidos de la selección- era famoso por su fuerza dentro de la cancha, estaba casado e incluso acumuló cargos policiales por mal comportamiento, exhibicionismo y agresión sexual contra una muchacha, en un bar francés. Sin embargo, en 2009 borró de un plumazo sus antecedentes y comunicó al mundo su opción sexual. “No quiero ser conocido como un ugador de rugby gay. Soy rugbista, pero primero y sobre todo soy un hombre”, afirmó en el “Daily Mail”. Luego se convirtió en figura e invitó a más gente a imitarlo. No lo siguieron mucho.

Robbi Rogers Filter

Robbie Rogers se retiró del fútbol, luego de su confesión.

De vuelta a Estados Unidos. El tema de la homosexualidad en los deportes profesionales masculinos empieza a poner sus puntos sobre las íes.  A principios de año, el futbolista Robbie Rogers, con algunas presencias en la selección nacional y participación en la MLS, ya había admitido ser gay, pero a diferencia de Collins se retiró apenas lo confesó. El fútbol, por otra parte, no mete el mismo ruido que el básquetbol y eso explica también la reacción telúrica luego de la declaración hecha por el pívot. Colegas y estrellas de la talla de Kobe Bryant, Dwight Howard, además del equipo de los Boston Celtics en pleno, salieron a apoyar su decisión. Lo mismo hicieron el presidente de la nación, Barack Obama, y otras familias de tradición política como los Clinton y los Kennedy, con quienes Collins tenía ciertos vínculos de su época de estudiante en Stanford.

“No planeé ser el primer atleta abiertamente gay de uno de los deportes colectivos más importantes del país. Pero desde que lo soy, estoy feliz de comenzar la conversación”, concluyó valiente, corajudo y con pelotas.