Uno podría llorar porque el árbitro brasileño Sandro Ricci -el mismo polémico juez del duelo Chile vs. Uruguay- no expulsó a Ángel di María por doble intento de agresión -y lesión- del paraguayo Derlis González. Uno también podría quejarse de que Ricci no se atrevió a expulsar a Marcos Rojo al hacer un foul de último hombre, lo que lo hubiese dejado fuera de la final de la Copa América. Uno podría hablar de conspiraciones. Uno podría…

Pero la verdad es que el mundo enfrenta una crisis de llanto, causada por Godín, Chevantón, Lugano y el resto de uruguayos -no todos- que aún no supera la eliminación de la Celeste en los cuartos de final de la Copa y que se ha dedicado a manchar lo que ya no pudo ser suyo, a la mal entendida “uruguaya”.

El llanto, además, sería reduccionista e injusto. Sería taparse los ojos y no reconocer que Argentina aplastó a Paraguay (6-1) con herramientas futbolísticas totalmente válidas. Talento puro que los pone merecidamente en la final del torneo continental y que borra de un plumazo su dubitativo comienzo.

Argentina, el monstruo albiceleste despertó a tiempo  y demostró que tiene hambre, que está listo para acabar con la sequía de títulos que arrastra en su espalda. Ante Paraguay, el tridente creativo compuesto por Leo Messi, Javier Pastore y el propio Di María maltrató a la defensa guaraní y dio un mensaje claro sobre su poderío. De los tres, el Fideo se erigió como figura al entregar una asistencia y convertir dos de las seis conquistas.

Cuando el partido estaba 2-0, al filo del primer tiempo, Lucas Barrios ponía algunos puntos suspensivos en el desenlae y exhibía cierta fragilidad en el fondo trasandino. Sin embargo, todo sería un pequeño espejismo. El descuento quedó reducido a su mínima expresión frente al vendaval ofensivo que brindó Argentina en el complemento. Si bien no marcó, Messi controló los tiempos y permitió el lucimiento de sus compañeros, en una actuación sólida que de inmediato -no nos engañemos- los pone como favoritos para conseguir el trofeo.

Otra cosa es lo que pase en la cancha. El historial de enfrentamientos entre Chile y Argentina no es benevolente para la Roja: de las 24 ocasiones en que han jugado por Copa América hubo 19 triunfos albicelestes, 5 empates y 0 (cero) victorias chilenas. ¡Ouch! Pero la buena es que esta misma generación es la que le ganó por primera vez a Argentina en duelos clasificatorios a un Mundial.

Esperanza siempre existe, más cuando se define de local. Sin embargo, no será nada de simple, el monstruo está desatado.