La frase suena extraña, rara. Inverosímil, si se quiere. Como que el mundo no está acostumbrado a ver esa secuencia de palabras al mismo tiempo. Pero qué importa el mundo: por segunda vez consecutiva, Chile venció a Argentina -Messi incluido- en definición a penales para convertirse ahora en el monarca de la Copa América Centenario.

Entre título y título pasaron apenas 359 días y es difícil no dejar de pellizcarse.

La Copa América 2015 fue un estallido de alegría que esperó 99 años en suceder. Una victoria dulcísima coronada por el ahora mítico penal de Alexis Sánchez sobre Chiquito Romero, un penal que parecía surrealista. Se sentía extraño y, en lo personal, el hecho de estar en Boston, a 8.500 kilómetros de distancia de Santiago, no ayudaba a computar lo que pasaba frente al televisor. Después de casi un siglo de maldición, Chile ganaba por primera vez algo. Se gozó, se celebró, pero al mismo tiempo se erigió una pregunta normal para un país que nunca gana nada en el fútbol. ¿Cuándo ocurriría otra vez? ¿En otros 99 años?

En el horizonte aparecía la Copa América Centenario 2016, un torneo que al menos, otra vez en lo personal, me ofrecía la posibilidad de ver a Chile jugando en Estados Unidos. Me acredité bajo las órdenes de mi viejo hogar (Las Últimas Noticias) para apoyar a los enviados especiales en el partido de Chile ante Bolivia que se disputó en el Gillette Stadium.

Chile - Bolivia

Fui a los entrenamientos en el Babson College, a las conferencias en el Sheraton y al mismísimo partido, el cual fue durísimo. Tanto que si no es por el penal convertido por Arturo Vidal en el último suspiro a La Roja se le enredaba todo. Al final la sensación fue que sí, que Chile tiene una generación dorada de jugadores, pero que había muchas dudas, que el equipo todavía se estaba acomodando con Juan Antonio Pizzi, que al dejar Boston, honestamente no los vería otra vez.

Sin embargo, Vidal, Bravo, Sánchez, Aránguiz, Medel y compañía aseguraron el paso a segunda fase y comenzaron el juego del tapabocas. El masivo 7-0 sobre México fue una exhibición de sus cualidades potenciadas al infinito, luego vino la tormenta en Chicago con 2-0 incluido a Colombia, y así de golpe Chile estaba nuevamente en la final de una Copa América para enfrentar a Argentina (otra vez) en el MetLife de Nueva Jersey: Whatsapp a LUN y el resto es historia.

Chile - Argentina Metlife

Chile jugó a maniatar a las individualidades argentinas, a correr cada pelota en el mediocampo gracias a su equipo especial de pirañas (lo de Aránguiz y Vidal es sobrehumano) y tuvo suerte de que sus errores no se convirtieran en gol. En la memoria colectiva vivirá por siempre la falla de Gary Medel que desperdició Gonzalo Higuaín (“eterno errador de goles en las finales”, según los colegas argentinos que se agarraban la cabeza en la tribuna de prensa). Chile también sobrevivió a la expulsión de Marcelo Díaz antes de la media hora de juego y llevó la pelea a las cuerdas, al cero a cero, a esperar el último asalto: los penales.

El Tata Martino, seguramente cabalero, había sacado de la cancha a Higuaín y Ever Banegas, los dos que perdieron lanzamientos en la definición del 2015, y cuando Vidal falló el suyo parecía todo encaminado a una victoria albiceleste. Sin embargo, de inmediato vendría el tiro de Messi -el mismo que luego renunciaría a su selección- a la galaxia Higuaín. El mejor del mundo no capitalizaba su chance y Argentina se cayó al suelo, comenzó a ser devorada por los fantasmas del pasado. Chile convirtió los que quedaban, mientras que Lucas Biglia llenaba de gloria las manos de Claudio Bravo.

No había que esperar otro 100 años, Chile era otra vez el mejor de América. O más bien, se convertía en el Bicampeón de América y esta vez no estaba a 8.500 kilómetros de distancia.

Vidal

Vidal para Vidal