14 meses sin goles es una pesadilla, más si eres un hombre que vive de ellos. Lo sabe Nicolás Castillo, quien tras un irregular paso por el Brujas de Bélgica comenzó un viaje hostil por el Mainz alemán y el Frosinone italiano sin ver la portería. Hubo lesiones, pero al final 14 meses son 14 meses, los mismos 14 meses que Don Ramón le debía en renta al Señor Barriga. Una eternidad.

Quién sabe si Castillo recordará esos días en el futuro, lo que importa es que en el presente esos días parecen sepultados bajo tomos estadísticos. A principios de año, el delantero tomó sus maletas y decidió volver a casa, en un viaje destinado a reencontrarse con el secreto perdido. Y no demoró en ubicarlo: en apenas cinco partidos del Clausura 2016, Nicolás Castillo ha convertido 8 goles con la camiseta de sus amores, la de Universidad Católica.

Castillo, 23 años recién cumplidos, es la sensación del campeonato y una fábrica de goles. Marca un tanto cada 54 minutos en cancha (7 de pierna derecha, uno de cabeza). Los festejos vienen en apenas 13 remates al arco, o sea, tiene un 61,5% de efectividad. Un monstruo. Por si fuera poco crea jugadas para que sus compañeros eleven a la UC como líder del torneo y sea el equipo más goleador con 18 conquistas.

Al verlo en la cancha uno detecta hambre y sed de gloria. Sí, Europa fue un pie en falso. Quizás no estaba listo. Pero es claro el aprendizaje y es suficiente para marcar diferencias en la competencia chilena. Castillo aguanta el balón con maestría, sabe el momento preciso para descargar a las bandas para sumar volumen al ataque de su equipo y si bien está muy lejos de ganar un sprint de 100 metros planos, su fuerza y potencia en la carrera lo hacen un camión con acoplado imposible de detener. Hasta reclama menos.

No sabemos si la UC será campeón al final del torneo, pero teniendo a Castillo de su lado está un paso más cerca.

¿La selección? Por qué no. El proceso de Juan Antonio Pizzi apenas comienza y seguro querrá probar cosas diferentes a las hechas por Jorge Sampaoli. Las puertas están abiertas y el futuro, su futuro, se escribe con goles.