Antes de que comenzara el partido entre Chile y Bolivia por Copa América Centenario, Arturo Vidal miró al banco de suplentes y le pidió al utilero de la Selección Wilson Vásquez que le trajera zapatos de fútbol nuevos. El miembro del staff aplicó 0 a 100 km/h en menos de un segundo y partió a los camarines del Gillette Stadium con la misión clara.

Vidal nunca se cambió los zapatos, pero en el primer tiempo se vio incómodo, abanicando balones o mandándolos a las nubes. Chile tampoco se veía en buena forma. Si bien tenía el control del partido, Bolivia se refugiaba y creaba una muralla verde que consiguió mantener el 0-0 durante el primer tiempo.

La suerte pareció cambiar en el complemento. Apenas un minuto de reiniciado el juego, Vidal aprovechó una asistencia de Mauricio Pinilla para regalonear a los casi 20 mil hinchas (en su mayoría chilenos) que llegaron a Foxboro. El plan era que la anotación calmara la ansiedad, sin embargo, en un solo tiro libre a cargo de Jhasmani Campos (a los 60 minutos), volvieron todos los fantasmas de la era Pizzi. Campos puso una linda curva que superó la resistencia de Claudio Bravo.

Tras el gol, Bolivia se arropó aún más y Chile comenzó a prender velitas. Y cuando todas estas se apagaban, a los 98, un centro de Alexis Sánchez dio en el brazo de un defensor boliviano. Penal que convirtió en gol, en el 2-1 definitivo y en la primera victoria de La Roja al mando de Juan Antonio Pizzi.

“Apareció el campeón de América”, remató el propio Vidal cuando el partido ya era historia.