Por primera vez desde 1999, Chile estará presente en las semifinales de la Copa América. La Roja avanzó tras vencer a Uruguay por 1-0, en un duelo donde solo hubo un equipo en la cancha. Chile martilleó constantemente, con la pelota y sin versos relamidos, hasta que Mauricio Isla encontró premio a la insistencia nacional:

Un derechazo mágico del Huaso Cósmico directo al Olimpo de los recuerdos. Un Olimpo al que no irá solo: junto al gol -y a este partido- siempre estará asociado El Dedo de Jara, El Dedo de Dios:

Convengamos, el acto de Jara es asqueroso y repudiable. Meter el dedo en el culo de Cavani -de manera NO consensuada- es insultante y explica la reacción del uruguayo de querer golpear al “18” de la Roja. El árbitro Sandro Ricci no vio la acción del zaguero (fue develada posteriormente por las cámaras de TV), pero sí el intento de agresión de Cavani -magnificadísima por Jara-, por lo que le mostró la segunda cartulina amarilla del partido y lo mandó a las duchas. Con uno más, Chile acentuó su dominio y los caminos al gol fueron más expeditos.

¿Qué dice la cabeza ante la situación?

El hemisferio civilizado de nuestros cerebros debe aceptar que lo de Jara es incorrecto. Que por mucho que el truco sea viejo en los campos sudamericanos, la conducta está sancionada en los libros de reglamento deportivo. A no sorprenderse cuando le caiga castigo por oficio.

El hemisferio bárbaro, por otro lado, celebra la viveza de Jara: provocar al rival para dejarlo con 10 es parte del fútbol, aunque esté en los límites de lo poco ético. También hay un sabor especial porque ocurre ante Uruguay, uno de los países -junto a Argentina- que inventó la trampa en el fútbol. El papelito de víctima no le queda a la Celeste, una Celeste que de hecho entró al Nacional pegando patadas obscenas y codazos chanchos.

Si además hubiesen ganado y Cavani hubiese sido el que ponía el dedito en el culo de Jara, no les quepa duda que estaríamos escuchando frases como “la garra charrúa”, “los chilenitos”, “la gloriosa celeste”…

Pero esta vez les tocó perder, en su propio juego, y deberían comerse el llanto solitos en una pieza, en vez de andar amenazando por Twitter.

Insistimos, el dedo de Jara donde el sol no alumbra a Cavani fue feísimo y debe ser sancionado, pero el llantito uruguayo NO entra en la ecuación. Es hipócrita y busca esconder limitaciones propias y un mal campeonato, en donde solo le ganaron a Jamaica.

A no confundirse, el incidente está mal, pero no mancha ningún centímetro la victoria y los merecimientos de Chile para estar en las semifinales de la Copa América.