San Lorenzo de Almagro es campeón de América. El Santo venció por 1-0 a Nacional de Paraguay y acabó con la pesadilla que vinculaba su sigla, CASLA, con el fracaso continental (Club Atlético Sin Libertadores de América).

La primera vez es especial, lo sabemos, pero para el cuadro argentino significa revivir las emociones que casi lo mandan a la B hace un par de años. Del infierno al cielo no pasó mucho y hoy el club se suma a los otros siete equipos de su país en obtener la máxima gloria del fútbol sudamericano. A saber: Independiente, Boca Juniors, Estudiantes, Racing, River Plate, Vélez Sarsfield y Argentinos Juniors.

Quizás no fue la mejor Copa Libertadores de la historia -interrumpida por el Mundial de Brasil se anduvo desmembrando- y tal vez San Lorenzo no ha sido el mejor campeón: clasificó por la ventana y su registro fue de 6 triunfos, 4 empates y 4 derrotas. Sin embargo, lo que importa es ganar el último partido y el Cuervo lo hizo. Acá repasamos su noche mágica con estos apuntes:

1. El digno subcampeón: Club Nacional de Paraguay

El rival siempre engrandece al campeón. La Academia tiene tradición y un pasado glorioso, entre los que se cuentan 9 títulos nacionales y ser la cuna de Arsenio Erico, el máximo goleador en la historia de la primera división de Argentina (295 goles). Pero pese a los pergaminos, hoy es un equipo humilde, de presupuesto corto y con una hinchada bastante pequeña. Sus partidos, de hecho, no se juegan con más de mil personas en las tribunas. Aún así, Nacional se las arregló para ir escalando en la ladera de América y rozar la gloria con sus dedos. Su rendimiento entusiasmó a todos en Paraguay y fanáticos de todos los equipos se alinearon para apoyarlos, pero no alcanzó. Ni siquiera con el aliento de Luana Chamorro, Gaby Ocampos y de nuestra amiga personal Tania Arias.

Tania Arias

De todos modos, digno lo de Nacional.

2. La magia del Pipi Romagnoli

Néstor Ortigoza, desde el punto penal, fue el hombre que marcó el gol de la historia. Pero, claro, no fue el único en construir el éxito. A lo largo del torneo varios fueron los jugadores que pusieron su granito de arena. Juan Mercier, las manos de Sebastián Torrico en octavos de final, en la definición con Gremio, la maestría de Ignacio Piatti, quien no terminó el campeonato luego de ser transferido a la MLS, pero por sobre todo, el talento de Leandro Romagnoli. El Pipi ha ido y venido por el mundo, pero su casa siempre fue San Lorenzo. En Boedo, el 2001 y con Manuel Pellegrini en la banca, logró el primer título internacional del club (Mercosur). También ha estado en los momentos malos e incluso ha jugado con la rodilla rota. El Pipi es ídolo y la Libertadores es un premio que, generoso, comparte con otros grandes de la institución:

3. El Patón Bauza

Matías Lammens y Marcelo Tinelli (sí, el de las jodas de VideoMatch) tomaron las riendas del club cuando la cosa era fea y tenía olor a potrero. Luego de zafar del fantasma del descenso contrataron a Juan Antonio Pizzi como DT. ¿El resultado? Campeones de Argentina. Pero Pizzi emplumó a España dejando el asiento vacío. ¿Quién podría ayudarlos? No, no fue el Chapulín Colorado, sino que Edgardo Bauza, hombre de experiencia y que puso su nombre entre los grandes con este título logrado por San Lorenzo: se sumó a Carlos Bianchi, Paulo Autuori y Luiz Felipe Scolari como uno de los técnicos en ganar dos Libertadores con dos equipos diferentes. Además se transformó en el primer estratega en ganarla con dos equipos de diferentes países (Liga Deportiva de Quito 2008 y este 2014 con el Cuervo).

 

4. Intervención divina

Nacional fue un gran rival, con hambre de gloria que demostró antes de los dos minutos con un remate en el palo:

¿Mala puntería o intervención divina? Más allá de las creencias, un hecho cierto: el Papa Francisco, cabeza de la iglesia católica es uno de los hinchas más famosos de San Lorenzo de Almagro y aquí parece que las oraciones funcionaron. La próxima semana un grupo pequeño del club irá al Vaticano para que bendigan la Copa Libertadores. Francisco I no ha dicho nada, pero no lo imaginamos cerrándoles la puerta.