La Copa América anda poco generosa en el departamento de goles. Los grandes delanteros acusan sequía de abrazos y gran parte del problema radica en que las defensas de cada selección han estado simplemente brillantes.

Para poner nombres y apellidos, destaca la labor del colombiano Jeison Murillo, la del argentino Nicolás Otamendi -quien se dejó barba para intimidar rivales- y, sobre todo, la del uruguayo Diego Godín, quien se alza como el gran obstáculo de Chile en el cruce que enfrenta a ambas selecciones en los cuartos de final de la competencia.

El capitán charrúa lleva en la sangre el ADN clásico de los zagueros del Río de la Plata: no tan talentoso, pero corajudo como si el mundo se fuera a acabar en cada pelota dividida. Tipos que dan la vida por recuperar el balón, vaya por arriba o vaya por abajo. Seres que son dueños de un ímpetu y una vehemencia que a veces, desde afuera, son confundidas con violencia, pero que en realidad son solo síntomas de pasión.

Godín nunca la tuvo fácil. Nacido en una pequeña localidad llamada Rosario, a los 17 años estaba al borde del retiro. Desechado por las inferiores de Defensor Sporting -donde jugaba de de delantero- deambulaba sin rumbo hasta que logró una oportunidad en Cerro. Era el año 2003 y era inscrito en una ficha que detallaba el precio de su pase, equivalente a 37 dólares (23.500 pesos chilenos)

Godin 37 dolares

Ahí en Cerro comenzó a descollar como defensa: fue llamado a selecciones menores y captó el ojo de Nacional de Montevideo. El relator de fútbol local Rodrigo Romano, con la puerilidad que solo los relatores del fútbol sudamericano pueden alcanzar, lo bautizó como Faraón luego de anotarle un gol a Egipto, en un amistoso.

También fue el Flaco y hoy es el Capitán. El fútbol uruguayo se hizo pequeño para su hambre de gloria. El Villarreal, primero, y el Atlético Madrid después serían sus camisetas en España. Con los colchoneros -equipo dueño de su pase- ha vivido una historia de Cenicienta: es el charrúa con más partidos defendiendo a los rojiblancos y es el héroe del título 2014-2015. Gracias a un gol en la última fecha puso en paréntesis el abominable dominio de Barcelona y Real Madrid.

Los éxitos a nivel de clubes, Godín también los ha replicado defendiendo a la selección uruguaya. Fue parte del cuarto puesto en Sudáfrica 2010 y el título de Copa América 2011.

Sus habilidades son incontestables. Se barre con precisión y por arriba explota su 1,83 tanto en labores defensivas como en pelotas ofensivas de balón parado. Es una constante amenaza de gol.

Si Chile quiere ganar su primer duelo de llave desde 1999, tendrá que ser por sobre la cabeza de este monumento del fútbol uruguayo, Diego Roberto Godín. El Faraón.