“Detrás de cada golpe al balón debe haber un pensamiento”.

La frase y la jugada pertenecen a un solo hombre, el mítico e incomparable futbolista holandés, Dennis Bergkamp. Por la santísima virgen, un jugadorazo que cada 10 de mayo (día de su cumpleaños) reverenciamos como se lo merece.

Hijo de electricista, Bergkamp creció en los barrios de Amsterdam dando riendo suelta a su imaginación en el campo. Un día, cuando tenía 11 años, su talento fue descubierto por agentes del Ajax quienes inmediatamente lo sedujeron para formar parte de los equipos juveniles de de Godenzonen. Ahí, bajo la atenta tutela de otro monstruo, Johan Cruyff, su magia fue siendo alimentada con otros ingredientes: resistencia física, inteligencia táctica… Un combo que empezó a dar resultados en 1986, fecha de su debut oficial en el profesionalismo.

En el Ajax permanecería hasta 1993. Ahí anotó 103 goles y comenzó a hacerse fama -y a ser temido por los arqueros rivales- con sus exquisitas definiciones de globito. Bergkamp, alguna vez explicó que esta obsesión por la belleza también tenía un objetivo funcional:

“Cuando jugaba en Holanda, siempre intentaba hacer globitos a los porteros. La gente decía: “oh, tú siempre tratando de hacer un gol bonito”. Yo respondía con una pregunta: “escuchen, si el arquero está un poquito adelantado, cuánto espacio tienes a su izquierda o su derecha. No es mucho. ¿Y cuánto espacio tienen sobre ellos?”

Sus grandes actuaciones le dieron al Ajax una liga local, dos copas holandesas, una Copa UEFA y una Supercopa Europea. En lo personal, le valieron nominaciones a la selección Oranje y un traspaso al Inter de Milán.

Con los lombardos tuvo el honor de ganar otra Copa UEFA. Sin embargo, su rol fue menor. De hecho, su paso de dos años por Italia fueron los peores de su carrera. Anotó apenas 11 goles y fue constante blanco de la prensa debido a su bajo rendimiento. El diario “La Repubblica” incluso reemplazó el nombre de su sección “L’asino della settimana” (El burro de la semana) por “Il Bergkamp della settimana”.

Justo en ese entonces, también, se popularizaba la historia de que Bergkamp tenía miedo a viajar en aviones. La prensa, otra vez, hizo fiesta llamándolo “The Non-Flying Dutch” o “El Holandés No Volador”, en sarcástica alusión a “El Holandés Volador”, apodo de Johan Cruyff.

Así, su presencia en el Inter se hizo insostenible. ¿La salida? En 1995, el técnico del Arsenal Bruce Rioch decidió darle una oportunidad en la Premier League. Su aterrizaje no fue simple y le costó adaptarse al ritmo de la competencia. Sin embargo, en la temporada siguiente hubo un cambio que comenzó su camino a la inmortalidad entre la hinchada Gunner: la llegada de Arsene Wenger.

Con Wenger en la banca, Dennis Bergkamp recuperó la memoria en sus pies, transformándose en el futbolista en que todos algunas vez deseamos ser: control de balón preciso, imaginación, fantasía y goles memorables que adornan el Olimpo del fútbol. Un ejemplo imborrable, esta joya de 2002 al Newcastle:

“No puedes culpar a nadie. Solo hay que aceptar que Bergkamp hizo algo maravilloso”, diría Sir Bobby Robson, DT del Newcastle tras ser testigo de esa obra maestra

Con Dennis Bergkamp como uno de sus motores principales (los otros eran Pires y Henry), el Arsenal construyó un equipo que fue conocido como “Los Invencibles”, ya que consiguieron un récord de 49 partidos invictos, incluyendo la obtención de la Premier League 2003-2004.

En total, y siendo un Gunner, Bergkamp obtuvo tres Premier League, cuatro FA Cup, tres Community Shield y una final de la Champions League que perdió ante Barcelona (2005-2006) y que fue su último día dentro de una cancha, en una carrera que es imposible de olvidar. Tan difícil de olvidar que el Arsenal le construyó una estatua en vida.

Bergkamp

(Foto: Ronnie McDonald / CC BY 2.0)

Para el cierre, la magia en movimiento. Un video con las mejores jugadas de Dennis Bergkamp: