Se acabó el Torneo de Apertura 2015, el cual quedará en los libros de historia como el campeonato de la vergüenza. Colo Colo fue justo campeón, eso está fuera de discusión. Fue el equipo que tuvo más puntos en la cancha. Pero hubiese dado lo mismo que ganara la Universidad Católica, Palestino, San Luis de Quillota, Tricolor de Paine o Pelotillehue FC. Esto porque finalmente en la memoria quedará que el triunfo fue de la desorganización, de la corrupción en la ANFP y del lumpen.

La última fecha fue el corolario del desorden. Colo Colo y Universidad Católica llegaban con opciones de campeonar. Los albos jugaban con Wanderers y la UC con Audax Italiano. Se suponía que ambos lo harían de manera simultánea. Pero todo fue un desastre. La UC no pudo con su irregularidad, en un partido marcado por los errores morrocotudos del árbitro Jorge Osorio, de esos que deberían acabar con una carrera, mientras que Colo Colo y Wanderers ni siquiera ha comenzado: brutales desmanes dentro y fuera de la cancha obligaron a la suspensión del encuentro

Todo lo ocurrido en Playa Ancha fue una vergüenza. Piedrazos, ataques cobardes, cuchillos, estoques, bengalas, sillas, hasta casquetes de bala de 9 mm. fueron los ingredientes de lo que dejó el enfrentamiento del lumpen organizado de ambas “hinchadas”. ¿Con qué propósito? Nunca lo sabremos. Siempre hay algo más que la simple rivalidad entre dos equipos.

La batalla campal de Valparaíso expuso el fracaso total del fútbol chileno (e incluso de la sociedad chilena). Lo más visible es la derrota del Estado y su política de Estadio Seguro, que busca evitar conflictos entre barras con una serie de medidas de seguridad, las cuales no sabemos cómo fueron burladas: a las chicas les quitan lápices labiales por ser objetos contundentes y en las imágenes vemos tipos a guata pelada con cuchillos (?). Ni hablar de la escasa presencia de Carabineros o lo poco útiles de las leyes contra quienes hacen desmanes en los estadios.

Esto lleva incluso a situaciones tan deleznables como sapeos y cacerías públicas, que revelan que estamos en la era del linchamiento social. La victoria del Gran Hermano. Civiles denunciando a civiles, porque quienes deben hacer la pega, no la hacen

Pero en ese escenario, donde siempre es más fácil culpar al Estado, no hay que olvidar nunca a los dueños de los clubes. El fútbol es una actividad PRIVADA pero que se ha malacostumbrado a la teta estatal. De partida, la mayoría juega en estadios públicos, construidos con plata de todos los chilenos, y luego en su gestión propia no son capaces de armar un torneo digno: 15 fechas mutiladas a lo largo de seis meses (el campeonato más corto del mundo) y reglas que no se aplican (Colo Colo y Wanderers deberían haber recibido descuento de puntos por los incidentes, lo que hubiese cambiado el nombre del campeón) son una pequeña introducción al hecho de que hoy la ANFP no tiene cabeza. A que el último presidente, Sergio Jadue, hoy está en Miami cumpliendo una sentencia vigilada por sus vínculos con las redes corruptas de la FIFA.

Sí, justo en el año en que la Selección fue campeona de América, el fútbol chileno ha muerto.