A Iker Casillas lo mataron. Lo mató José Mourinho, lo mató Florentino Pérez y también lo mataron los hinchas del Real Madrid. No todos, por supuesto, solo esos que se dicen que están en las buenas y en las malas, pero que cuando llegan las malas dan la espalda.

Lo mataron poco a poco, a pedacitos, en un proceso lento, doloroso y no libre de humillaciones. Fue un vía crucis de cuatro o cinco años en que poco importaron sus 18 trofeos con los merengues, entre ellos cinco de la liga española y tres Champions League, ni menos las dos Euros y el Mundial de Sudáfrica 2010 con la camiseta de España.

Iker llegó al Real Madrid con 9 años. Toda la vida la hizo en las inferiores del club merengue, se empapó con su gloria y se elevó para ser el gran capitán, en época de jugadores galácticos. Lo describieron con adjetivos superlativos -pese a ciertas falencias en el juego aéreo o con los pies- porque siempre ahogaba goles imposibles: vuelos espléndidos, penales atajados, dobles y hasta triples intervenciones… Algunos lo llamaron “El Santo”.

Pero, otra vez, nada de eso sirvió. En la hora final, el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, le dio el último golpe transfiriéndolo al Porto, sin siquiera darle las gracias, por la puerta chica y sin el glamour que merecía. El tampoco quería avivar un circo de hipocresía.

Sus lágrimas, en el adiós, son amargas, saben a traición. Son las de alguien que quería quedarse en su casa, pero que fue echado como un perro que no es amado.

Es cierto que Iker Casillas no era el mismo de antes, no nos engañemos, que sus paradones de escándalo eran cada vez menos frecuentes. Que a los 34 años, los superpoderes a uno no lo visitan todos los días. Pero el trato recibido fue denigrante para su talla, para su compromiso con el club.

Casillas siempre trabajó de manera callada y fiel. Por lo mismo, no crucificó a nadie en su solitaria despedida. Ni siquiera a CR7 o Arbeloa sus enemigos en el plantel

Quiero que, por encima de si he sido buen o mal portero, se me recuerde como una buena persona

Pero sería injusto remitirse a eso. Casillas es una buena persona, sin embargo, en la memoria debe quedar registro de que quizás fue el mejor arquero en la historia del Real Madrid. Y que toda su vida la dedicó a su Casa Blanca.