Esteban Efraín Paredes Quintanilla. En Colo Colo ese nombre se escribe completo y con mayúsculas. El joven de 35 años lleva en sus piernas las esperanzas del pueblo Cacique y cada vez que sale al campo de batalla, vuelve como héroe, uno de los más grandes en los 90 años de historia del club.

Ante el Atlas de México, por Copa Libertadores, el delantero quintanormalino nuevamente probó su indivisible compromiso con el gol, liderando a los albos a un triunfo por 3-1 que los deja al borde de la segunda fase continental. Dos de esas conquistas fueron con su firma: a los 9′ y a los 84′.

Según algunos estadísticos, el doblete le permitió alcanzar las 100 anotaciones en Colo Colo. Según otros, 99. La discordia viene de un gol anotado en un empate 2-2 ante Cobresal (2011), el cual fue dado finalmente a los nortinos por secretaría (2-0), luego de un castigo a los albos por mala inscripción del jugador Joan Muñoz. ¿Importa? Meh, no mucho la verdad. Uno más o uno menos, Esteban Efraín seguirá siendo Esteban Efraín, el Esteban de los goles.

Ya sean 99 o 100, las conquistas de Paredes brillan en la última década de los albos, una década que sabe de zigzagues emocionales. Paredes llegó el 2009, con 29 años, y de inmediato conoció el sabor del triunfo con el título Clausura de esa temporada. Pero luego, el ariete también fue parte de ese Colo Colo que no le ganaba a nadie pese a sus celebraciones. El de Gallego, Cagna, Labruna… Un período oscuro, sin dudas, aunque con algo en limpio. Fue el momento en que comenzó a forjar su fama de anotarle una y otra vez a la Universidad de Chile, el clásico rival del Cacique.

En 2012 partió a México, pero dos años después volvió al Monumental con un compromiso: hacer 15 goles y bajar la estrella número 30 para Colo Colo. Muestra de la promesa fue dejar temporalmente el número “7” en su espalda por el “30”. Paredes lideró a los albos al título y en el último partido ante Ñublense marcó los cinco tantos que le faltaban para cumplir cabalmente con su palabra.

Desde entonces, Paredes solo continuó su camino de subida al Olimpo de los ídolos albos. Su olfato, su oportunismo y su zurda dorada es venerada en los pastos de Macul y, al mismo tiempo, temida en Chile y en el resto del continente. ¿La paradoja de todo esto? Pese a sus temibles números, Paredes no llena el gusto del DT de la Selección, Jorge Sampaoli.

Lo ilógico es difícil de explicar y, más aún, de entender.

La buena noticia es que la leyenda aún no tiene fecha de vencimiento y seguirán cayendo goles con su nombre: Esteban Efraín Paredes.