A comienzos de temporada, Palestino anunció la contratación de Pablo Guede para llenar el vacío que dejaba en la banca Emiliano Astorga. Las cartas de presentación del nuevo DT remitían a una buena campaña en el ascenso argentino con Nueva Chicago, a que era amigo de Tito Vilanova y a que en su curso de entrenador había tenido clases con Pep Guardiola, a quien considera su maestro, la luz del faro a seguir.

Algunos desconfiaron. Claro, no es raro que un argentino llegue hablando del Barcelona, de Europa y que al final todo sea humo, cuento. Otros, en tanto, se aferraron a la esperanza de ver a un equipo ofensivo, asfixiante y que pudiera transformar a La Cisterna en un pequeño Camp Nou, domingo a domingo.

Seis meses después, los árabes tienen un boleto para la Copa Libertadores.

No fue simple. Palestino debutó en casa ante Cobreloa y se vio un “11” confundido, con muchos problemas para sobrepasar a un rival que solo apelaba al pelotazo. La derrota por 2-1 dejaba un sabor de intranquilidad. Luego vinieron triunfos, empates y derrotas, como en la vida. Irregularidad hasta la fecha 12 en que los tricolores enfrentaron a la U. Palestino mareó al actual campeón chileno, le dio clases, lo mandó a comprar pan. Si bien perdieron, culpa de un penal mal cobrado, el partido fue un clic.

A partir de entonces, Palestino suma nueve victorias consecutivas. NUEVE. Las últimas dos ante la revelación del torneo, Santiago Wanderers* de Emiliano Astorga (la vida es un pañuelo), en la liguilla que definió el ticket continental. Los caturros venían heridos, sí, pero no es una excusa para ocultarse. Palestino simplemente los arrolló, demostrando que tan afinadas están sus piezas.

Guede se define como un “obsesivo” a la hora de planificar los partidos.

“Trato de no dejar ningún detalle al azar, porque creo que cuanto uno más minimiza el margen de error más cerca del triunfo está. No soy de los que están con una vara dura. Hay que tratar de llegar a los jugadores desde el convencimiento”, dijo en una entrevista a Marca

En ese afán de no dejar nada al azar, Guede pone especial énfasis en su librito de 17 (no es un número al voleo) jugadas de ataque y en las pelotas detenidas, donde aplica conocimientos de básquetbol, handball y hockey.

Vestido con camisa blanca y chinos beige (es cabalero), Guede se pone al borde del campo y vive cada encuentro con las revoluciones desatadas. Los jugadores, por cierto, le creen hasta el fin de los tiempos. “Nos cambió el chip”, dice Leonardo Valencia, la figura consular de este Palestino. El mediocampista es el capitán, el hombre que está detrás de los tiros libres, de los lanzamientos de esquina e incluso de los laterales frente al área rival. Valencia, además, es el goleador del equipo con 9 tantos.

Otros elementos que destacan en el plantel, que brilla por su juventud, son:

  • El golero Darío Melo, que con algunos errores a cuesta de a poco se afirma
  • Germán Lanaro, que parece tronco y lento, pero que asegura pie firme y marca fiera
  • Paulo Díaz, quien puede jugar de lateral, central o mediocampista y que destaca por un excelente juego aéreo
  • Diego Rosende, quien cada vez se parece más a Nelson Parraguez y pone equilibrio en el centro
  • Jason Silva, el Brígido. Talentoso, aunque muy malas pulgas
  • César Valenzuela, el compañero de aventuras de Valencia en la creación
  • Marcos Riquelme, desgarbado y veloz delantero por la orilla
  • Renato Ramos, el dinosaurio del gol, un hombre que a los 35 años es el encargado de pivotear y/o rematar cada ataque árabe.

Palestino propone, ataca, toca y está a un paso de volver a la Copa Libertadores, una competencia a la que no accede desde 1979. La revancha con Wanderers será dura, pero la filosofía de Guede riega confianza: “Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar”. Y este Palestino, el Barcelona de La Cisterna, parece no tener miedo.

*Actualizado el 21 de diciembre de 2014