Qué lindo año nos regaló la Selección de Chile. Pese al sabor amargo que dejó el palo de Pinilla, la Roja del Mundial de Brasil quedó en la repisa donde apilas tus mejores discos, libros y películas. Además, con la Copa América de 2015 jugándose en suelo propio, es obvio que el apetito se abre para una versión extendida o deluxe.

Sin embargo, para llegar a eso aún hay cosas que corregir. Hay grietas, páginas dobladas y rayones que que quedaron en evidencia en el amistoso frente a Uruguay que despidió la temporada. La derrota por 2-1 en el Estadio Monumental dolió, sin dudas, pero es bueno que haya ocurrido ahora, cuando hay tiempo para corregir.

No es que uno esté “pendiente de lo que sea perjudicial para la selección”, como diría un Jorge Sampaoli con visos de paranoia, a propósito del injusto reparto de premios entre los nominados a la Roja. No, nada eso. Chile juega bien y tiene grandes atletas (Sánchez, Medel, Vidal), por ratos hipnotiza con su posesión, pero al mismo tiempo es necesario apuntalar los elementos o mecanismos que fallan.

¿Cuáles son esas falencias? ¿Cuáles son las lecciones que se pueden aprender de la derrota ante Uruguay?

LA NECESIDAD DE UN 10

Hace cuatro días, Chile estaba en el otro polo, el de la felicidad. El 5-0 sobre Venezuela y el regreso de Jorge Valdivia tenían a los fanáticos bailando en las calles. Con el Mago, la Selección gana en profundidad y sorpresa, sobre todo por el centro. ¿Lo malo? Valdivia se lesiona fácilmente, hubo un tiempo en que se preocupaba más de la diversión fuera de la cancha y eso ahora le pasa la cuenta con un físico que no está totalmente diseñado para la alta competencia. Y cuando Valdivia no está, se nota, el equipo abre la pelota en exceso y por momentos se vuelve romo. Sampaoli probó a Orellana sin mucho éxito y Alexis Sánchez, al no sentirse alimentado, se retrasó, mandando al Poeta a la orilla. Sánchez es un gran asistente, pero quizás abusa del pase bombeado, a la vez que su desplazamiento deja muy solo a Eduardo Vargas entre los centrales rivales.

¿Para qué se hace viajar a Pedro Pablo Hernández si ni siquiera se lo prueba?

ALTURA EN DEFENSA

El cuento es viejo. Chile pierde partidos en balones aéreos. Gary Medel y Gonzalo Jara, por mucho que tengan un gran rechazo, son defensores bajos. El problema, eso sí, es engañoso. Con un sistema tan ofensivo se necesita a hombres rápidos en la zaga, y velocidad es algo que no es común en tipos que se ganan la vida atrás. Un ejemplo es Igor Lichnovsky, quien jugó ante Venezuela demostrando que lo hace correctamente, pero sin la chispeza o las piernas de Medel. Jara -o Jarita cada vez que se equivoca- tuvo responsabilidad en el segundo gol uruguayo, pero al mismo tiempo solo hay un / otro defensor en Chile que es capaz de hacer cambios de frente de 50 metros con su precisión y tener un porcentaje de pases superior al 90%: Medel.

La solución es encontrar a un pailón con todas esas bondades -altura, rapidez, precisión- o minimizar las ocasiones en que los que tenemos se vean enfrentados a estas situaciones. Eso incluye no hacer faltas como las del propio Medel y que significó el empate charrúa.

BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

En Emol dicen que Alexis Sánchez tuvo una noche de furia, en La Tercera que Medel tuvo una noche intensa. Ambos artículos hablan de jugadores frustrados con el mundo, entre sí y consigo mismo. En Chile parece haber baja tolerancia a los malos ratos, a Chile le cuesta venir de atrás, no encuentra soluciones cuando está entre la espada y la pared. Se prefiere manotear al aire, quizás malcriados al éxito. Aquí es bueno recordar la sabiduría de Bielsa y trabajar al equipo emocionalmente:

Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes

ESCASA AUTOCRÍTICA

Jugar bien no es sinónimo de tener la pelota hasta el infinito, sino que saber explotar las debilidades del rival para quedarse con el triunfo. La posesión ayuda, pero cuando lastima. Ante Uruguay, Chile no lo hizo. Arévalo, Godín y Jiménez supieron aguantar la batalla para dirigir ataques certeros y directos al corazón chileno, sobre todo explotando los espacios que dejaba Eugenio Mena. Tácticamente, Uruguay sobresalió, pese a no tener al balón. Sin embargo, en el análisis de Sampaoli eso no estuvo. Su explicación se limitó a un “a veces sucede que el que juega mejor no siempre gana” y un “no se dio el resultado”.

Para crecer es necesario reconocer los errores.