Manuel Pellegrini vive días de tormenta al mando del Manchester City. En la Premier viene de un enero espantoso en que ha dejado escapar al Chelsea, mientras que en la Champions League acaba de hipotecar su paso a cuartos de final, luego de caer ante Barcelona, de local, en un partido en que su planteamiento táctico fue a todas luces deficiente.

El City regaló el primer tiempo. En la pizarra, el Ingeniero dibujó un sistema con dos delanteros y dos volantes abiertos. La idea era pelear combo a combo. Sin embargo, la escasez de piernas en la contención y el siempre inteligente uso de los espacios del Barcelona le permitió a Luis Suárez marcar en dos ocasiones. Ingenuidad. Si bien el Kun Agüero descontó en el complemento, toda esperanza de resurrección se esfumó tras la expulsión de Gael Clichy.

A la hora de las explicaciones, el DT chileno comentó las dificultades de enfrentar a los catalanes con 10 y puso a sus jugadores al frente del tren, como responsables de la derrota, algo que no suele ser bien visto entre los futbolistas.

¡Ouch! En cierta medida hay responsabilidades en el campo (hola, Vincent Kompany), pero también faltó autocrítica del entrenador: Pellegrini no sabe jugarle al Barcelona. O al menos no ha encontrado la fórmula. En 25 partidos disputados ganó apenas cuatro, empató otros cuatro y cayó en 17 ocasiones. Su última victoria ante los culé fue en 2008, con el Villarreal. Desde entonces 13 derrotas y dos igualdades.

Los analistas de sofá se lo hacen saber, quemándolo en esa hoguera llamada Twitter.

Obviamente, hay mucho cabeza de termo del Madrid y mourinhistas en el paquete, pero en el análisis general y más centrado, las dificultades de Pellegrini este año al frente del City son evidentes.

Puede justificarse en las limitaciones a la hora de fichar, puede justificarse en la ausencia de Yaya Touré (y su participación en la Copa Africana junto a Costa de Marfil), puede justificarse en los arbitrajes, pero al final del día, como técnico de un equipo poderoso y con recursos como el City, debe encontrar soluciones.

Tiempo todavía tiene. Y oportunidades. La revancha en el Camp Nou es casi imposible (necesita ganar por dos goles de diferencia o uno si es que el marcador lo favorece 3-2, 4-3, 5-4…), pero quién sabe. Mientras, en la liga local aún tiene 12 partidos para reducir los cinco puntos que lo separan del líder Chelsea. Si no lo hace, probablemente, su vida en Manchester tendrá los días contados.