Cualquier fanático en serio del fútbol sabrá reconocer en la figura de Steven Gerrard, un hombre capaz de morir por sus colores. El ex capitán del Liverpool -hoy jubilándose en Los Angeles Galaxy de la MLS- es un símbolo del amor por la camiseta, un amor sin límite y más allá del dolor.

El centrocampista inglés está ad portas de lanzar su autobiografía, “My Story”. En ella cuenta varias de sus aventuras que lo convirtieron en leyenda, entre ellas el “Milagro de Estambul”, aquella final en que los Reds caían 3-0 ante Milán y remontan para quedarse con la Champions League de 2005. También hablan de su extraña relación con Rafa Benítez e innumerables anécdotas a lo largo de sus más de 700 partidos. Una de ellas un confesión muy, pero muy dolorosa. Tanto que te sacará lágrimas de los ojos de solo leerla.

Gerrard Book

Aquí el fragmento lleno de dolor de Gerrard:

“La magia de la Copa FA fue manchada el día en que tuve un corte en mi pene y una serie de puntos cerró una poco romántica tarde ante el Bournemouth. Tenía los ojos con lágrimas. Traté de cerrar a un puntero para bloquear su cruce, pero sentí una punzada en mis parted privadas. Pense, mierda, eso no se siente bien, dolía más que la cresta.

El tajo lucía muy mal, justo en el medio. Había mucha sangre. Necesité cuatro puntos y mis compañeros estaban molestándose entre ellos. Pueden imaginar las bromas sobre pulgadas y puntos en mis futuras presentaciones en casa. Podría haber sonreído, pero podría haber estrangulado a muchos de ellos…

El doctor Andy Massey limpió el camarín, me saqué los shorts y le di una última mirada

Ouch. Esperaba que no le estuviera diciendo adiós a un viejo amigo. Fui cuidados de no mirar lo que el doctor hacía. El mismo día ya había engrapado la cabeza de Martin Skrtel y ahora reparaba mi pene.

Después de ser vendado para protegerme ante una posible infección, pregunté lo obvio: ¿Puedo jugar ante Everton el martes?

Gerrard, por supuesto, jugó el clásico ante Everton. Liverpool ganó 4-0 y el marcó uno de los goles. Un campeón.

Por cierto, esta es la infame jugada de la que habla.