Cobreloa a la B.

Es difícil de creer. Aquel equipo de singular camiseta naranja que se ganó el respeto de Chile y el continente, el club que rozó la Libertadores, el monstruo de las alturas, el mismo Cobreloa de Siviero, el Trapo Olivera, el Ligua Puebla y las zurdas de Merello y Riveros. A la B y de la peor forma posible: por secretaría.

Seamos sinceros, Cobreloa no hizo mucho en la cancha como para salvarse de su primer descenso en la historia, pero perder la categoría por pequeñeces administrativas es bien triste y, de paso, expone todos los males del fútbol chileno.

Lo primero es el castigo que significó la caída loína: el “Caso Hisis”. El ayudante técnico de Cobreloa, Alejandro Hisis, ya había servido a Ñublense en las mismas funciones en el mismo campeonato. Los Diablos Rojos -además de Audax Italiano-, como niños pollerudos, se quejaron y se ampararon en un ambiguo artículo para exigir las penas del infierno ante la doble militancia del Chino.

Bajo. Más aún cuando uno de los miembros del directorio de la ANFP es hermano del dueño de Ñublense que, ¡oh, coincidencia!, también lucha por no descender de división.

Quizás -siendo muy ingenuos- no hubo influencia, pero a la vista quedan todos los conflictos de intereses. Que el agua es tan clara como la del Mapocho.

Líneas aparte para saber qué diablos va a pasar con los puntos perdidos. ¿Se los darán a quiénes perdieron ante Cobreloa? Si es así, uno de los beneficiados es Huachipato, que quedaría a dos puntos de Cobresal, club al cual le acaban de dar la copa del campeón cuando, bajo este nuevo escenario, el torneo aún estaría abierto.

Por cierto se hizo el anuncio, se han dado miles de explicaciones. Qué sí, que no. Pero el fallo no está escrito. Un despelote. Un desastre.

Acusetes, gatos encerrados… El descenso de Cobreloa es turbio, sin dudas. Sin embargo, al final de la hoja no se debe engañar a nadie: el culpable número 1 de esta mancha en la historia naranja es el propio club, a través de sus dirigentes.

La crisis no es nueva y exhibe en el menú malos manejos, malas contrataciones, horrendos negocios (Eduardo Vargas, Alexis Sánchez) y la incapacidad de adaptarse a los cada vez menores aportes de Codelco. Todo fue pudriendo las raíces de una institución que, últimamente, hacía más noticias por escandalillos de baja monta que por las copas que alguna vez lo convirtieron en uno de los grandes del fútbol chileno.

La B será un infierno, pero quizás sirva para limpiar la casa, revivir su historia y terminar de una vez con todo este triste y dantesco espectáculo.