Por ahí leí -seguramente en el ático de las redes sociales – que ver a Andrés Iniesta con un mohicano era lo mismo que ver al sabelotodo del colegio copiando en un examen. Rarísimo. Pero ahí está, tenemos imágenes. Iniesta se ha hecho un mini mohicano para disimular la galopante calvicie  ir con la moda o incluso imponerla.

O tal vez para sentirse rejuvenecido, algo que estamos viendo también en su fútbol. El manchego está desplegando un juego que recuerda sus mejores días. Lo sufrió el Real Madrid hace un par de semanas, en el clásico español ante Barcelona, y acaba de padecerlo el Guangzhou Evergrande de Chine, en el Mundial de Clubes.

El ejemplo concreto: la asistencia a Luis Suárez en el segundo tanto del 3-0 catalán sobre los asiáticos. Un hechizo.

Algunos lo llaman héroe, pero para el volante del Barcelona, esa palabra es para otro tipo de personas.

Iniesta