La definición del Apertura 2014 es quizás una de las más emocionantes del siglo. Tres equipos tienen la opción de obtener el título. La U llevaba algunos cuerpos de ventaja, pero luego de empatar con Barnechea se dejó alcanzar por Colo Colo y quedó a un milímetro de Santiago Wanderers. A dos fechas del final, el torneo está bonito, es un canasto lleno de nervios y nos encantaría extendernos sobre sus virtudes y posibilidades.

Sin embargo, hay cosas feas, basura que no puede ser escondida debajo de la alfombra: Chile está enfermo y los síntomas se ven en las canchas. ¿El mal en cuestión? Racismo.

Emilio Rentería, jugador venezolano de San Marcos de Arica, ha sido objeto de dos cobardes ataques. Uno ante O’Higgins y este fin de semana ante Deportes Iquique, el cual obligó a suspender el partido. Ganaba Arica, con gol del propio Rentería, pero el resultado da lo mismo.

Rentería recibió gritos contra su color de piel y algunos hinchas hicieron sonidos similares a un mono para burlarse de él, en un acto que debiera hacernos caer la cara de vergüenza. El racismo es miedo e ignorancia. Miedo al otro, a sus costumbres, e ignorancia de que al final, seamos amarillos, negros, blancos, azules o verdes, todos somos iguales. Lo peor es que ambos, miedo e ignorancia, están ampliamente esparcidos en el tejido social. ¿Sus raíces? La sistemática aniquilación del civismo en los últimos 40 años de nuestra historia: tenle miedo a tu vecino y suprimamos las clases de humanidades en el colegio. Dejemos de pensar, solo produzcamos.

Eso también -quizás- explica la aún más ofensiva respuesta de Deportes Iquique. En vez de cuadrarse con un compañero de profesión -un igual- y de condenar los ataques racistas, los Dragones han preferido poner la culpa sobre sus hombros:

“Acá hubo una situación desagradable para ambos equipos, y nosotros queremos que el partido termine como corresponde, porque si en Chile vamos a empezar a suspender partidos por cualquier lesera o este tipo de cosas, vamos a matar al fútbol”, Cesare Rossi, presidente de Deportes Iquique

“Los antecedentes están claros, que el jugador provocó a los hinchas con la celebración del gol y después puso una de sus manos en la oreja como una manera que se gritara en su contra… nosotros recibimos gritos de los ariqueños desde que llegamos al estadio y tuvimos que aceptarlos porque así son las reglas. Esto es fútbol y no ballet”, el mismo Cesare Rossi

Rossi lamentó los gritos racistas, sin embargo, empezar a poner “peros” no es el camino. Menos cuando detrás del pero vienen palabras como “leseras” o supuestos de que el fútbol es para machos y el ballet es para niñitas, lo cual además lo hace caer en sexismo. El DT, Nelson Acosta, tampoco lo hizo mejor.

El jugador de Arica tenía tarjeta amarilla y cuando hace el gol se pone a bailar y a provocar a la barra de Iquique

Acosta, además de culpar a la víctima, quería que la castigaran. Impresentable.

Extrapolando el ejemplo, lo que se hace con Rentería es lo mismo que hacen aquellos que justifican un acto de violencia sexual contra una mujer porque estaba usando una minifalda. ¿De qué estamos hablando?

Párrafo aparte para el ayudante técnico de Acosta, Fernando Astengo, quien llamó a Rentería “negro culiao“, en una escena que quedó registrada en video:

Lo de Astengo es horrendo, pero insistimos en la idea de que es un mal enquistado en toda la sociedad. Basta ver cómo nos referimos al otro en el lenguaje “el negrito”, “la vieja”, “el guatón” y “la guatona” o el comportamiento xenófobo de la población contra ciudadanos de Perú o Colombia. Incluso con el mapuche dueño de gran parte de esta tierra.

Después de todo, obviamente, es lógico que Rentería quiera irse y que incluso haya llorado en el campo. “Ellos me estaban insultando desde antes que empezara el partido. No los provoqué. Hice el gesto con la mano en el oído (después del gol) para que supieran que escuchaba lo que me decían. Ya no sé qué hacer, en verdad. Ni siquiera sirve cambiarme a otro equipo, porque seguiría estando en Chile. Esto se va a repetir, no importa el club donde esté”, afirmó a La Tercera.

Ahí lo más doloroso. Probablemente Rentería se irá del país, mientras que el racismo seguirá vivo y triunfante.

Una pena, Chile.