En 10 minutos y 37 segundos, Jason Collins logró un robo, dos rebotes (uno defensivo y otro ofensivo) y falló el único tiro de campo que intentó. Su rendimiento no fue brillante, pero estuvo en función del equipo, en el triunfo de los Brooklyn Nets sobre Los Angeles Lakers

Terminado el partido todos querían hablar con él. Las preguntas, eso sí, distaban de su performance deportiva. Los periodistas afilaban lápices y grabadoras para su frase regalona “qué se siente…” En este caso: ¿qué se siente ser el primer jugador abiertamente gay en disputar un partido de la NBA o en cualquiera de las otras tres grandes ligas deportivas de Estados Unidos (MLB, NHL, NFL)?

En abril de 2013, Collins “salió del clóset” en una entrevista publicada por la revista “Sports Illustrated”. Todo el mundo reaccionó con palabras de buena crianza. Fans, compañeros e incluso algunos políticos ligados a su vida, como los Clinton. Sin embargo, a la hora de conseguir trabajo -Collins terminaba contrato con los Washington Wizards- nadie quiso hacerse cargo.

El discurso de la incomodidad en el vestuario masculino, ante un posible compañero homosexual, sigue siendo dominante en público. Esto fuerza a varios deportistas a mantener reprimida su orientación sexual. Las declaraciones de Collins sentaron un precedente, pero en ese momento ningún equipo salió a respaldar su acción. ¿Qué pasó entre abril de 2013 y febrero de 2014?

“La decisión de fichar a Jason fue sobre básquetbol. Necesitábamos aumentar nuestra profundidad en el interior, y con su experiencia y tamaño, sentimos que era la decisión correcta por un contrato de 10 días”, justificó a SI, el manager general de los Nets, Billy King.

Esto habla bien de los Nets, pero obviamente hay más.

Se puede hablar de las críticas generalizadas a  los Juegos Olímpicos de Invierno, en Sochi, y en específico al discurso oficial de autoridades rusas (Vladimir Putin a la cabeza) contra deportistas gays. El debate se abrió y en Estados Unidos, de a poco, nadie quiere ser Rusia. Es un jaque -discursivo- a algo retrógrado. ¿El mate? Se puede hablar de la aparición de Michael Sam, uno de los mejores jugadores defensivos de fútbol americano universitario y quien antes del draft de la NFL (la liga profesional) anunció públicamente que era gay.

Si bien el draft aún no se realiza, Sam puso las cartas a su favor. Si alguien no lo ficha es porque la NFL es una vieja conservadora.

En medio de límites tensados, la NBA (atenta) hizo el movimiento más rápido, lo más rápido que pudo. No se implica que sea un movimiento totalmente calculado, pero algo dice el hecho de que se mandarán a hacer camisetas de Collins para vender en el mercado (recordemos que su contrato es, en principio, por 10 días).

¿Lavado de marca? ¿Márketing? ¿Convencimiento? Lo que sea. La jugada fue maestra y aplaudida en todos los rincones de la industria NBA. Apenas salió a la cancha en el Staples Center, Collins fue recibido con una ovación. El público de sillón también hizo lo propio, expresándolo en Facebook o Twitter. Collins acusó golpe y agradeció por la noche de su carrera deportiva.

El o los partidos que Collins dispute por los Nets marcarán un antes y después en la historia del deporte, una apertura hacia un ambiente más tolerante y respetuoso no solo en cuanto a una orientación sexual. También una apertura racial, religiosa, política o la que venga a cuento. Y eso es lo que al final todo el mundo debería celebrar

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