Por décadas (cuatro para ser precisos), Nadia Comaneci se transformó en el sinónimo de la perfección en la gimnasia artística. Sus 10 en Montreal 1976, el testimonio de su grandeza.

Sin embargo, hoy aparece un nombre que desafía al pasado, la física y lo humanamente posible, una mujer que sacude los paradigmas y nuestras creencias. Por supuesto hablamos de la fenomenal Simone Biles, una de las grandes estrellas de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Simone ya se colgó las medallas de oro en la competencia por equipos y en el all around, triunfos que suma a sus tres campeonatos mundiales consecutivos y un sinnúmero de reconocimientos que parecen ridículos para una persona que apenas tiene 19 años.

Nacida en Columbus, Ohio, Simone Biles es un ejemplo de vida. Cuando tenía 6 años, su madre -afectada por el consumo de alcohol y drogas- renunció a su cuidado. Ahí apareció su abuelo Ronald y su esposa Nellie, quienes viven en Spring, Texas, para hacerse cargo. Para Simone ambos son sus padres reales.

La gimnasia apareció cuando tenía 6 años, durante una salida organizada por su guardería infantil. Su talento natural impresionó a muchas personas, quienes le recomendaron al menos intentarlo. Dos años después comenzó a entrenar con la ex gimnasta Aimee Boorman y sus horas en los aparatos aumentaron exponencialmente. En el camino quedó claro que su talento era único.

Hoy, con apenas 147 centímetros de estatura, Simone Biles combina agilidad y potencia nunca vistas en la gimnasia. Tiene la habilidad para elevarse tan alto como su propio cuerpo y la musculatura necesaria para absorber con precisión quirúrgica toda la fuerza que generan sus piruetas. En todos y cada uno de los aparatos. Es como si tuviera un súper poder.

Quienes la conocen cuentan que lo que a muchos gimnastas les cuesta dominar en dos o tres años, a Simone Biles le toma dos o tres días. Sus saltos son fluidos, elocuentes, monumentales y únicos. De hecho uno de ellos ya ha sido bautizado con su nombre.

Las páginas de la historia, por cierto, continúan abiertas. Todavía quedan las competencias por aparatos, donde nuevamente es la gran favorita para seguir escribiendo capítulos de gloria. Ella lo sabe y quiere que su legado no sea comparado con el de otros deportistas, menos si son hombres:

“No soy la próxima Usain Bolt o Michael Phelps. Soy la primera Simone Biles”