La noche del miércoles 26 de mayo de 1999 debe ser una de las más gloriosas y efervescentes en la historia del Manchester United. Final de la Champions League en el Camp Nou, los Diablos Rojos pierden por 1-0 ante el Bayern Münich y el árbitro italiano Pierluigi Collina da tres minutos de tiempo extra. La remontada parece imposible, los alemanes siempre ganan en los cuentos ingleses. Sin embargo, aparecen Ryan Giggs (a los 91’) y Ole Gunnar Solskjaer (a los 93’), el mejor suplente del mundo, y dan vuelta el resultado. La Orejona es suya. Nadie lo cree. “Oh. Fútbol. Infierno sangriento”, balbucea en éxtasis el artífice de todo este castillo de sueños, Sir Alex Ferguson.

Celebrando uno de sus tantos triunfos en lo deportivo.

Un dulce recuerdo de una carrera que acaba. La segunda semana de mayo de 2013, el DT decidió poner fin a sus 27 años de incesante y exitoso trabajo en el club. “Es el momento correcto”, dijo. Su legado es inconmensurable: trece títulos de Premier League, dos Champions League, cinco Copas FA y cuatro Copas de la Liga. El planeta sabe que el escocés es el Manchester United. Una estatua y el nombre de una grada en el Old Trafford es el gesto recíproco que tiene el club para decir que ellos son Alex Ferguson.

El romance, eso sí, no fue inmediato. Proveniente de un Aberdeen que paró el duopolio del Celtic y Rangers en Escocia, Ferguson llegó para el torneo 1986-1987. Sus primeros cuatro temporadas fueron un desastre. “Tres años de excusas y aún somos mierda, Fergie”, se leía en algunos carteles de la época. Pero no lo echaban. Silenciosamente, él iba construyendo su equipo con Steve Bruce, Peter Schmeichel y una camada de juveniles resistida por la prensa, pero que se convertiría en su fiel ejército: los hermanos Neville, David Beckham, Nicky Butt, Ryan Giggs y Paul Scholes.

El Manchester United comenzó a ganar en la FA, pero el gran salto lo dio el año del debut de la Premier League, en el 92, con la llegada de Eric Cantona. El francés se echó el equipo al hombro ese año y al siguiente contó con la ayuda de Roy Keane. El club se transformó en un monstruo de Inglaterra y del resto de Europa. La calidad de sus jugadores y el ojo perfecto de Ferguson a la hora de las contrataciones (Dwight Yorke, Jaap Stam, Ruud van Nistelrooy, Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney, por nombrar algunos) y ensamblarlas perfectamente en su esquema era/son realmente envidiables.

También su temperamento. Fergie es conocido en Inglaterra como “The hairdryer”, la secadora de pelo. Basta prenderlo y escupe palabras contra sus rivales. “Soy demostrativo. Todos saben que soy emocional, pero no abusivo”, reconoce él. Sus peleas con la prensa (no hablaba con la BBC) y sus colegas (en especial con el DT del Arsenal, Arsene Wenger) son de antología. Sus jugadores igualmente fueron víctimas. Un capítulo memorable fue cuando enceguecido por la rabia pateó un zapato de fútbol que dio en la bien cuidada, depilada y perfectamente maquillada ceja izquierda de David Beckham.

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Universidad de Ulster lo distingue con el grado de Dr. Honoris Causa: un grande dentro y fuera de la cancha.

Su pasión por el fútbol parece no tener límites. Con 71 años, sigue llegando al campo de entrenamiento del Manchester, religiosamente, a las 6.50 de la mañana. Cada día se enfrenta a cerros de papeles, antes de la práctica, la cual hace mascando chicle y con un gorro de Gales que “tomó prestado” de Ryan Giggs en 1996. Los días de partido, el espectáculo es mayor. Continúa con algún chicle en la boca, un chaleco de cierre hasta el cuello, imponiendo su Fergie Time (tiempo añadido al tiempo añadido, en el cual Manchester hizo fama) y celebrando cada gol como si fuera el último, pese al marcapasos que lleva en su corazón o a su maltratada cadera, que deberá reemplazar cuando se retire a fin de temporada.

El último día en la liga es el 19 de mayo. Completará 1.500 partidos al mando del Manchester United. ¿Qué hará después? Tomará el vino que le encanta, verá las carreras de sus caballos, disfrutará a sus nietos y tendrá trabajo como directivo del club. ¿Suficiente? ¿Cuánto extrañará el olor del pasto? Él tampoco lo sabe. “El gran miedo es qué harás contigo. Hay muchos ejemplos de personas que se retiran y están en el ataúd demasiado pronto. Estás quitándole la única cosa que los tiene vivos, que te mantiene vivo”, dijo alguna vez.

Bonus: Gol de Alex Ferguson, jugando por el Ayr United, en 1973

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