Hay gente que tiene mucha suerte y Scott Dixon. El piloto de la IndyCar acaba de sacarle la lengua a la muerte, luego de protagonizar un espectacular accidente en las 500 millas de Indianápolis.

En una de las curvas, Dixon se estrelló con el monoplaza de Jay Howard, e inició un viaje por los aires que parecía destinado a un funesto final. La velocidad y la violencia del impacto hizo que su vehículo diera varias vueltas antes de que la gravedad lo pusiera contra las barras de concreto del circuito. Hubo una explosión, fuego y miles de pedazos de metal desparramados en la pista.

El automóvil quedó destruido, apenas con una rueda pegada a su estructura original. Una imagen horrenda, pero que por alguna milagrosa razón no causó ningún rasguño mayor en el cuerpo de Dixon. De hecho, el piloto salió caminando del pedazo de chatarra en que se convirtió su bólido.

Horas después de accidente, Dixon agradeció los mensajes de apoyo ante su extrema experiencia.

“Gracias por los mensajes. Esa fue una carrera salvaje…”