La tarde del 7 de mayo de 1824 no fue cualquiera para los asistentes del Kärntnertortheater de Viena. Tampoco fue cualquiera para el resto de la humanidad. Después de 12 años de ostracismo, Ludwig van Beethoven volvía a los escenarios públicos para el estreno de su obra culmine, quizás la composición musical más grande en la historia: la Novena Sinfonía.

Sí, todos sabemos que Beethoven ya estaba completamente sordo, que el genio nunca pudo escuchar el resultado final de los cuatro monumentales movimientos que la componen. Sin embargo, 190 años no son desdeñables y vale la pena exponer 5 hechos sobre este clásico de todos los tiempos:

1. El proceso de creación

La sinfonía fue encomendada por la Sociedad Filarmónica de Londres en 1817, pero Beethoven se enfocó en ella hacia 1822. El cuarto movimiento, eso sí, tiene una data mayor que puede situarse en 1793, cuando el compositor tenía 22 años. ¿Por qué? Sigue leyendo

2. Oda a la Alegría

Antes del rock estadio y canciones como “We are the champions” de Queen o el “Seven nation army” de The White Stripes, siempre hubo “Oda a la alegría”, una canción de esperanza, de fe en la humanidad y de sufrimiento escolar gracias a la flauta Hohner. Corresponde al cuarto movimiento de la sinfonía y recibe aquel nombre debido a su inspiración, el poema del alemán Friedrich Schiller del mismo título, publicado en 1785. Como decíamos en el punto anterior, Beethoven se empotó  trabajó desde joven en una versión musical que finalmente incluyó en la Novena.

3. El estreno

La idea de Beethoven era hacerlo en Berlín, creía que el gusto musical de los vieneses estaba con italianos como Rossini. Sin embargo, un grupo de amigos lo convenció de realizar la premiere en el Kärntnertortheater. Ludwig quería que fuera grande y armó la orquesta más numerosa de su carrera, como si hubiese querido sanar su sordera. La lista de instrumentos es fértil en esta sinfonía coral (tiene voces)

  • Vientos: Piccolo, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, contrafagot
  • Metales: 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones
  • Percusión: Tímpano, bombo, triángulo, platillos
  • Cuerdas: Violines I y II, violas, chellos, contrabajo
  • Voces: Soprano, alto, barítono, tenor, coro

En la dirección compartió créditos con Michael Umluf.

4. La ovación

El mito dice que Beethoven seguía dirigiendo la orquesta, aleteando con los brazos, cuando la música había terminado y la gente aplaudía -recordamos por milésima vez que estaba sordo-. Siguiendo dicha versión, la contralto Caroline Ungher se dio cuenta y lo habría detenido para evitar el bochorno. Sin embargo, varios testimonios dicen que Umluf era el verdadero director, que Beethoven lo asistía en los tempos y que la escena no habla de aleteos al aire fuera de cuadro. El biógrafo de Ludwig, George Grove –Beethoven and His Nine Symphonies (1896)- cuenta:

“El maestro, aunque ubicado en el medio de su confluencia musical, no escuchó nada y ni siquiera era sensible al aplauso de la audiencia al final de su trabajo, estaba parado dando la espalda al público, hasta que Ungher, quien había cantado el contralto, lo giró o lo indujo a hacerlo para enfrentar a la gente, que aún aplaudía y daba la mayor demostración de placer”

Grove escribe que al girarse Beethoven hubo una “volcánica explosión de simpatía y admiración”.

5. El origen del CD

La Novena Sinfonía tiene una influencia musical innegable, sobre todo con el cuarto movimiento u “Oda a la Alegría”. De hecho es himno de la Unión Europea, fue himno nacional de Rhodesia y hasta la hemos escuchado al final de cada Teletón. Eso sin contar, la influencia en otros genios musicales como Brahms.

Sin embargo, su magnificencia también trastocó la industria musical a través de la tecnología, la Novena Sinfonía es fundamental en el desarrollo del Compact Disc o CD. En 1979 Phillips y Sony unieron fuerzas para desarrollar el producto. Por un momento ambas coincidieron que debían elaborar un disco de 11,5 centímetros de diámetro para almacenar una hora de sonido. No obstante, de común acuerdo, aumentaron a 12 centímetros para 74 minutos, la duración de la Novena Sinfonía, versión 1951 por Wilhelm Furtwängler.

Ahora, disfruta de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven