Veterano de Vietnam y tocado mentalmente, John Rambo es una especie extraña de héroe -¿antihéroe?- de acción. De esos que hacen justicia por sus propias manos y que quizás no sean lo más cercano a un modelo a seguir. Como sea, le dio un nombre y llenó los bolsillos de Sylvester Stallone, el actor detrás del personaje de la saga inaugurada por “First Blood”, en 1982.

Cada película tenía descargas de testosterona y pólvora a destajo, las cuales fueron in crescendo con el tiempo. Rambo era un ex soldado preparado para la supervivencia extrema y dado a transformarse en objeto de cacerías humanas masivas. Por lo mismo, al final de cada cinta, el recuento de decesos se contaba por docenas. En “Rambo” (2008), la cuarta entrega de la franquicia, el número de víctimas es indeterminado, pero el sitio Lapham Quarterly Magazine si tiene un conteo de los caídos en las primeras tres entregas: “First blood” (1982), “First Blood Part II” (1985) y “Rambo III” (1988).

El ejercicio considera a fallecidos en pantalla y no contempla ocupantes de tanques u otros vehículos militares. Una conclusión interesante es que Rambo era más letal cuando aparecía a torso descubierto. Los villanos, por su parte, también fueron cada vez más violentos y cobraron cada vez más víctimas, lo que en la tercera cinta concluyó en un promedio de 1,3 personas muertas por minuto.

¿No habrá sido demasiado?

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