El comité que entrega el Premio Nobel de Literatura es un cardumen de salmones que nada contra la corriente. Apenas aparece un nombre entre los favoritos, su decisión es una directa contradicción al mundo y le entregan el galardón a alguien completamente desconocido (excepto para los intelectuales de Twitter).

Bueno, este 2016, la táctica cambió un poco: el premiado es famoso, pero no escribe en forma de libro o poema, sino que en modo canción. En algo que nadie vio venir, el Nobel de Literatura fue otorgado al cantautor estadounidense Robert Allen Zimmerman, alias Bob Dylan.

La Academia Sueca, resumió su decisión de premiar a Dylan bajo la idea de:

“Haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición de la canción estadounidense”

Ganador de Grammys, un Oscar y un Globo de Oro, Bob Dylan también destaca por trabajos como Blood on the tracks, Blonde on blonde, Highway 61 revisited y Bringing it all back home, entre otros álbumes, así como por sus grandes hits: Blowin in the wind y Like a rolling stone.

La reacción general sobre el premio a Dylan ha sido positiva y en consenso. Sin embargo, hay tipos como Irvine Welsh, escritor escocés y creador de un libro esencial como Trainspotting que, básicamente, basureó la selección, sembrando la semilla en lo que puede ser una guerra entre literatos y músicos.

“Soy un fan de Dylan, pero esto es un premio a la nostalgia enferma, concebida y torcida de las rancias próstatas de hippies seniles y que solo farfullan”.

Por otro lado, la noticia de Bob Dylan como el primer cantautor en ganar el Nobel de Literatura es un nuevo golpe para el japonés Haruki Murakami, eterno favorito al galardón, así como una gran motivación para el cantautor guatemalteco Ricardo Arjona para seguir escribiendo poesía (?).