A veces nos olvidamos. Otras veces preferimos mirar para el lado. Pero de tanto en tanto la tragedia nuclear de Chernobyl vuelve a nuestra memoria. Sea en forma de culpa por lo que sucedió, sea como forma de honrar a los más de 200 mil muertos, sea en forma de fantasma de la precariedad de los centros de energía nuclear ante un sismo o tsunami.

Danny Cook es un cineasta que se niega a que Chernobyl sea olvidada. Con la ayuda de un drone y un contador Giger, fue a la abandonada ciudad de Pripryat, en Ucrania, a capturar nuevas imágenes de esta localidad cercana al lugar de la catástrofe.

Los resultados son impactantes. A 28 años del accidente, el registro de una ciudad fantasmagórica, post-apocalíptica, es un homenaje a los que murieron y a los que tuvieron que abandonar la vida cerca de la planta nuclear para salvarse.