Nicanor Parra está vivito y coleando. Ahora cumple 100 años y seguramente tanto homenaje lo tiene con el genio cambiado. Él preferiría estar leyendo el diario como cualquier mañana, viendo tele, tomándose un cortito, quizás pensando en dar una vuelta por Las Cruces abordo de su Volkswagen Escarabajo o en la encrucijada de Hamlet, probablemente uno de los responsables de su calvicie. To be or not to be.

Pero no, nomás.

El país está parras arriba. Nicanor recibe visitas de estado, mientras la gente googlea, recita, declama y recuerda que Chile es -o más bien era- de poetas. Huidobro, De Rokha, Lihn, Teillier, Rojas y los Nobel, Neruda y Mistral.

Parra, nacido en San Fabián de Alico, nunca ganó un Nobel, pese a que no existe chileno que crea que no lo merece.

Pido que me den el Nobel por razones humanitarias

En algún momento de su vida, Parra deseó el gran premio, pero ya se aburrió de esperarlo. A menos eso dice. En Estocolmo, simplemente se hacen los suecos. El hombre tiene méritos. ¿Les suena la antipoesía? Don Nica le puso punk a los versos, rompió los cánones, despeinó las formalidades de las rimas, incorporando elementos de un mundo globalizado y cultura pop. Básicamente es el hombre detrás de la última gran creación de la lengua castellana.

Una vez andando
Por un parque inglés
Con un angelorum
Sin querer me hallé.

Buenos días, dijo,
Yo le contesté,
Él en castellano,
Pero yo en francés.

Dites moi, don angel.
Comment va monsieur.

Él me dio la mano,
Yo le tomé el pie
¡Hay que ver, señores,
Cómo un ángel es!

Fatuo como el cisne,
Frío como un riel,
Gordo como un pavo,
Feo como usted.

Susto me dio un poco
Pero no arranqué.

Le busqué las plumas,
Plumas encontré,
Duras como el duro
Cascarón de un pez.

¡Buenas con que hubiera
Sido Lucifer!

Se enojó conmigo,
Me tiró un revés
Con su espada de oro,
Yo me le agaché.

Ángel más absurdo
Non volveré a ver.

Muerto de la risa
Dije good bye sir,
Siga su camino,
Que le vaya bien,
Que la pise el auto,
Que la mate el tren.

Ya se acabó el cuento,
Uno, dos y tres.

Sinfonía de cuna, Poemas y Antipoemas (1954)

Así abre el libro que quiebra las convenciones. Pero su obra nunca descansa, ni con los años ni con la edad. Parte de su repertorio incluye:

  • Cancionero sin nombre
  • Poemas y antipoemas
  • Versos de salón
  • Canciones rusas
  • Artefactos
  • Sermones y prédicas del Cristo del Elqui
  • Hojas de Parra
  • Poemas para combatir la calvicie
  • Lear, Rey & Mendigo
Voy y vuelvo

El humor es cuerpo y alma en su serie “Artefactos”

Lo increíble de su genialidad es que la poesía -la antipoesía- comenzó como un hobby. Luego de estudiar en el Instituto Barros Arana caminó las rutas de las matemáticas y la física en la Universidad de Chile, las de la mecánica avanzada en la Universidad de Brown (Estados Unidos) e incluso las de la cosmología en la de Oxford (Inglaterra). Fue el único de sus hermanos con estudios universitarios. ¿Quiénes son sus hermanos? Roberto y Violeta dos de los robles de la música popular chilena.

Parra fue un hombre identificado con la izquierda, pero un tecito desafortunado con la esposa de Richard Nixon quebró los puentes. Él dice que cayó en una trampa, que estaba de visita común y corrienta en la Casa Blanca y que de repente estaba ahí como visita ilustre. Nunca le creyeron y la amargura aparece en varias de sus frases

Bien, y ahora ¿quién nos liberará de nuestros liberadores?

La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas

¿Marxista?… No, ateo, gracias a Dios

Hasta cuándo siguen fregando la cachimba, no soy de derecha ni de izquierda. Yo simplemente rompo con todo

Su nieto Cristóbal Ugarte, hace unos días, dijo que esa enemistad con la izquierda le costó el Nobel. Eso y las faldas. Parra es picaflor, Parra es un seductor. Su vida ha estado marcada por las mujeres, entre las que aparece Sun Alexsson, una sueca con santos en la Academia y con quien las cosas no terminaron bien. La leyenda dice que ella afirmaba que Parra nunca ganaría el Nobel mientras estuviera viva. Falleció hace dos años.

Sin embargo, tiene más historias: con otra sueca, Inga Palmer, o las chilenas Nuri Tunca (la madre de sus primeros tres hijos) y Ana María Molinare, musa de uno de sus poemas más grandes:

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

El hombre imaginario, Hojas de Parra, 1985

Con o sin Nobel, Parra es fundamental en la historia de la poesía chilena y mundial. Los 100 años, aunque no le guste, son para celebrar. ¿Se habrá olvidado la muerte de él? Eso esperamos. Pero en caso de que se acuerde, Parra ya tiene todo arreglado

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y de aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!

Epitafio, Poemas para combatir la calvicie, 1993