Patrick Modiano, escritor francés, ha sido ungido como el centésimo séptimo (107º) ganador del Premio Nobel de Literatura. Además del honor del Olimpo de Estocolmo, el tipo de 69 años se embolsará 1,1 millón de dólares, plata dulce y segura para su jubilación. Eso sin contar el alza de venta que tendrán sus libros, aporte extra que irá a su chancho de greda en el velador.

Para que andar con patrañas y falacias. Nunca leí a Modiano. Sin embargo, tampoco es para decir que es un desconocido. De hecho, es muy probable que lo hayas visto en alguna estantería e incluso leído la solapa de uno de sus libros editados por Anagrama. “El lugar de la estrella”, “La ronda de la noche” y “Los bulevares periféricos” son sus tres obras inaugurales, hoy reunidas bajo el nombre de “La trilogía de la ocupación”.

Obviamente hay mucho más que puedes leer de él, novelas entre las que destacan “Un pedigree” y “En el café de la juventud perdida”).

Su gran tema es la Francia ocupada por el régimen nazi, durante la Segunda Guerra Mundial.

Sus novelas son cortas (150 páginas) y su vida, con dolores profundos como la muerte de su hermano, no es tan tortuosa como las que suelen conmover a la Academia sueca. Este año, dos favoritos en esa cuerda eran el keniata Ngugi wa Thiong (preso) y la bielorrusa Svetlana Alexievich (exiliada), sin embargo, Modiano se impuso a ambos y a la larga lista de estrellas que suenan año a año con la gloria, pero que al final se quedan con cuello.

A propósito de eso, estos son los 5 grandes y eternos perdedores del Nobel de Literatura

PHILIP ROTH

Roth

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Roth (81 años) es quizás uno de los novelistas estadounidenses más relevantes de los últimos 50 años. Pero una y otra vez se queda con la cola entre las piernas. Dicen que el autor de “Pastoral Americana” y “Me casé con un comunista” tiene una particular rutina en cada entrega del Nobel: va a su oficina en Nueva York, prepara todo en caso de ganar, y luego vuelve a su casa en Connecticut con el sabor amargo de la derrota.

“Me pregunto si hubiese titulado “La queja de Portnoy” (el libro que le dio fama) como “El orgasmo bajo el capitalismo rapaz” me hubiese ganado ya el favor de la Academia”, dijo recientemente, tostado por sus derrotas.

MILAN KUNDERA

Kundera

El autor checo de 85 años tiene una obra sólida, construida en torno a sus críticas al estalinismo luego de ser expulsado del PC. Con “La Broma”, su primera novela, se ganó el odio soviético que invadió Praga quemando sus libros. El tipo escapó a Francia y desde ahí continuó lanzando dardos. ¿Su obra cumbre? “La insoportable levedad del ser”. Kundera aparece como candidato y comanda apuestas, pero en la cancha nunca se ve al gallo.

HARUKI MURAKAMI

Haruki Murakami

Wakarimasita / CC BY SA 3.0

Murakami (65 años) estudió literatura, pero solo después de trabajar en una tienda de discos y de administrar un bar comenzó a escribir. Su nombre está en la tómbola de los últimos cinco o seis años, gracias a títulos como “Crónica del pájaro que la da cuerda al mundo”, “Kafka en la orilla” y el maravilloso “Tokio Blues (Norwegian Woods)”. Su estilo surrealista y sus nexos con la cultura occidental no son muy bien vistos en su Japón natal, pero en el resto del mundo arrasa en ventas. Lo único que la va faltando es el Nobel. Sigue participando.

SALMAN RUSHDIE

Salman Rushdie 1

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Británico nacido en Bombay, Rushdie (67 años) es otro candidato perenne al Nobel. Su trabajo es amplio, pero destaca principalmente por su cuarto libro: “Los versos satánicos”. En él hace una descripción poco común de Mahoma, lo que le vale ser perseguido por musulmanes extremos. Incluso hay precio por su cabeza. Una historia para derretir a la Academia sueca, en teoría. Pero hasta ahora no se oye padre.

NICANOR PARRA

Nicanor Parra

El (anti)poeta chileno cumplió 100 años en septiembre, pero el mensaje no llegó a Estocolmo. Es cierto, el momento de Parra fue en los años 80, pero en ese tiempo todavía estaba enemistado con Sun Alexsson, una ex novia con santos en la corte y que prometió que Parra nunca ganaría mientras ella estuviera viva. “Pido que me den el Nobel por razones humanitarias”, clamó el vate centenario, en uno de sus artefactos. Su obra es elocuente e incluso sus antipoemas son una de las últimas invenciones del idioma castellano. Pero en la Academia siguen haciéndose los suecos. Parra, seguramente, vivirá otros 100 años de puro porfiado.