Ricardo Arjona está en Chile. Otra vez. El guatemalteco se presentará en Festival de Viña del Mar, que ya viene siendo el refrigerador de su casa o la reserva de dinero que guarda bajo el colchón. Podríamos seguir, pero la metáfora no es lo nuestro. Tampoco lo de Arjona.

Es un hecho. Los versos del cantante centroamericano son pobres y cursis, pero por alguna razón seducen a legiones de mujeres y también hombres que corean sus letras para para poder contarle cuentos a una potencial conquista. Incluso cuando esta vive su periodo menstrual:

De vez en mes te haces artista,
Dejando un cuadro impresionista,
Debajo, del edredón.

De vez en mes con tu acuarela,
Pintas jirones de ciruelas,
Que van a dar hasta el colchón.

De vez en mes un detergente,
Se roba el arte intermitente
De tu vientre y su creación…

Fragmento de “De vez en mes”.

A riesgo de escarnio, a los 14 años escuchaba a Arjona. Sobre todo “Si el norte fuera el sur”. Estaba en un cassette con Maná, Nirvana, Pearl Jam, Los Tres, Los Prisioneros, Soundgarden, Led Zeppelin, Red Hot Chili Peppers, Creedence Clearwater Revival, Tiro de Gracia y Los Fabulosos Cadillacs. Claro, a esa edad muchos no saben para dónde va la micro y en la búsqueda se generaba una masa ecléctica que incluía las estaciones radiales de una dueña de casa C3-D (mi santa madre), la ausencia de TV cable y el intercambio de experiencias con los amigos del colegio.

Luego el mundo se amplió. Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Luis Alberto Spinetta. Todos a la par del crecimiento, la universidad y la formación de un pensamiento crítico. Una cadena de eventos a los cuales Arjona, por supuesto, no sobrevivió.

Básicamente me pasé al bando contrario y desde ese lugar lancé piedras contra Arjona, calificando su música como algo nauseabundo hasta el vómito. También hice bromas sobre su supuesta condición de yeta (varias de sus visitas coincidieron con temblores, incluido el terremoto de 2010, justo después de una actuación en Viña del Mar). Obviamente es algo estúpido (nadie hace los mismos chistes con Metallica), pero como que la masa necesita algo o alguien para desquitarse de sus frustraciones. Y en tiempos de redes sociales y rambos del teclado, Arjona llena el espacio.

Pero volviendo a la música, ¿son las letras de Arjona tan horrendas? Desde la trinchera intelectual la respuesta es inequívoca: sí.

¿En su defensa? El punto es que aunque muchas de sus líneas sean pretenciosas y rocambolescas, Arjona no escribe para satisfacer a los intelectuales. Su nicho mayoritario son mujeres con carencias afectivas, mujeres que todavía creen en el príncipe azul, que piensan que las “50 sombras de Grey” son eróticas o que buscan aventuras en lo cotidiano y palabras simples de afecto. Y ahí, Arjona sabe cómo vender la pomada. Es el lugar de su éxito.

A los que no les gusta, no la compren y ya.