Antes de agarrar todo y lanzarlo a la hoguera, mientras dices “ah, bueno”, dos aclaraciones.

Una. Justin Bieber sigue siendo el mismo tipo que todo el mundo conoce. Pesado como un tanque a pedales.

Dos. “Me gusta” significa que si escucho la canción “Sorry” en la radio, no voy a cambiarla.

¿Por qué? Porque desde un punto de vista pop, la canción no es mala. Es oreja, sin ser atosigante, y sus ritmos se alejan de los odiosos comienzos de Bieber, uno de los primeros pecados masivos de YouTube. “Baby, baby, baby, oh”.

La canción -“Sorry”- tiene sus toques tropicales, electrónicos y de dancehall que la convierten en buena música de fondo para matar una tarde de verano con shorts, chalas y una caipirinha en la mano. #ChaoJefe.

¿La letra? Es lo de menos. Es una canción en que seguramente le pide disculpas a Selena Gomez. O quizás a la humanidad en su conjunto. Pero de ningún modo entrega alguna verdad reveladora. ¿Qué esperabas? Es solo Justin Bieber.

Para el final, la guinda: el videoclip tiene unas coreografías maestras protagonizado por las chicas de las compañías de baile ReQuest Dance Crew y The Royal Family, en donde no hay rastro de Justin Bieber. Y esto es lo mejor, porque en la suma pareciera que “Sorry”, en realidad, no fuera una canción de Justin Bieber.

Sorry